DE ENCANTOS Y DESENCANTOS: Estrella negra

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*Mónica Herranz

Por mucho tiempo ella había buscado una estrella, pero no una culaquiera, pretendía encontrar una plateada y brillante. Las había visto en muchas ocasiones, las personas las llevaban de la mano, como si de un globo se tratara, flotando al lado suyo, iluminando su camino, y ella anhelaba poder caminar por las calles junto con su estrella y lucirla así como la lucían los demás.

 

Había observado en múltiples ocasiones como las personas sonreían cuando iban con su estrella, sonreían, platicaban, la abrazaban o besaban, bailaban con ella, iban  al cine, a comer, a la cama, ¡a todos lados!  y se veían tan felices, pero tan felices, que ¡como no iba a querer ella su propia estrella!.

 

Alguna vez tuvo una que, en apariencia, era plateada y brillante, y  paseaba con ella como todos los demás y creyó sentirse feliz, sin embargo, esa estrella más pronto que tarde perdió el brillo, porque era un brillo falso, un brillo artificial. Ahora, pasado el tiempo, etendía por qué esa estrella parecía mucho más brillante que las demás, ¡era pura brillantina! y por eso pronto deslució, y no sólo deslució, se desifló, se ponchó y cuando eso sucedió ella trató de ponerle aire de nuevo, porque quería seguir paseando feliz y le pegó más diamantina, pero nada funcionó. Lo que no brilla con luz propia porque hurta el brillo de algo o alguien más, irremediablemente termina por desvanecerse. Y así fue como esa estrella se extinguió.

 

A partir de ahí y durante un buen iempo, su firmamento se tornó obscuro, y por él desambuló buscando  otra estrella plateada y brillante, pero nada, no había nada de su cielo parecían haber desaparecido todas  las estrellas. De tanto en tanto aparecía alguna, fugaz.

 

Un día cansada de deambular, decidió dejar de buscar esrellas, y apagó la luz de su universo que si de por si ya era obscuro, con la  luz apagada, se volvió  de una negrura particular. Lo único que brillaba en ese firmamento era un pequeñita esperanza que de tanto en tanto se escapaba a través de una de sus sonrisas, pero la luz de esa esperanza era tan tenue que a penas alcanzaba a iluminar lo que había a su alrededor.

 

De repente, una tarde en la que caminaba, sintió junto a ella una energía particular, algo que irradiaba, volteó e hizo un giro de trescietos sesenta grados y aunque no se veía nada, no podía dejar de sentir tanto la energía como su vibración. Se quedó sorprendida y desconcertada por lo que en sus paseos comenzó a poner mayor atención y así fue como caminando desprevenida, pensando en la inmortalidad del cangrejo y en qué sabe que más, en un momento y de reojo, alcanzó a percibir un extraño destello, si un extraño y pequeño destello, en ese su universo, que otrora se había apagado.

 

¿Qué clase de destello es ese, será una estrella?, -se preguntó-, pero las estrellas que ella conocía estaban definidas como cuerpos celestes que brillaban con luz propia en la obscuridad y ese destello no parecía serlo.

 

Al transcurrir de los días, esa energía con su destello seguía ahí, la visitaba cada vez con mayor frecuencia y la rondaba, y cuando la rondaba ella se asustaba y huía, pero la energía la volvia a encontrar, ¿por qué?, porque cada vez que se le acercaba, ella se iluminaba, simplemente brillaba. Su universo podía haberse obscurecido pero su luz no se había apagado, aunque ella a veces creyera que si.

 

Después de un tiempo, ella pensó en dejar de escapar y se quedó quieta cuando se aproximó la energía, no podía aun verla, sólo sentirla, pero en dado momento, finalmente, la pudo tocar. Con sus manos la examinó y para su asombro ¡tenía forma de estrella! , y no sólo tenía la forma, sino que en realidad ¡era un estrella!, pero ¿cómo podría serlo?, no lo parecía, no brillaba, no era un punto luminoso, no era plateada, y si, sin embargo, con todo y a pasar de todo, era una estrella, una diferente, una particular, era una estrella negra.

 

Las estrellas negras son peculiares y evidentemente, dado su color, no se distinguen a simple vista en la obscuridad, pero entre ella y la estrella ocurría algo especial, cuando la estrella se acercaba a ella, ella brillaba con intensidad, y cuando ella tocaba a la estrella, de ésta emanaba ese destello genuino y singular. Genuino porque en él no había brillantina  y singular porque sólo ella podía percibirlo y generarlo, ella y nadie más.

 

Puede que esta estrella sea en otro cielo una de las miles de estrellas plateadas que hay, pero en el de ella, y resguardada en la obcuridad, brilla su estrella negra de una forma especial.

 

*Mónica Herranz

 

Psicología Clínica – Psicoanálisis

 

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