fbpx Caramelo: así nace una drag y así se draggea | Almomento | Noticias, información nacional e internacional

Por: Tania Itzel Vargas y Francisco Medina

La noche se acerca y el bar ‘El 9’ abre sus puertas para aquellos noctámbulos que buscan diversión, tragos, pelucas, mucho brillo, cultura, glamour y la música de Caramelo, la drag y DJ oficial del bar de Amberes.

Lalo, llega apresurado a nuestra cita en el nuevo bar de Henri Donnadieu y nos invita a pasar al lugar que ya considera su segunda casa.

Nuestra curiosidad era mucha, puesto que esa noche íbamos a ser testigos de cómo se crea una drag. Para ello, tuvimos que convencer a nuestro jefe de redacción para que aceptara ser nuestro conejillo de indias, porque —después de todo— cualquiera puede hacer drag.

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Delgado, con facciones muy finas, unos ojos impresionantes y mucha feminidad, Caramelo repite sus líneas: “Yo soy Caramelo la drag host de este bar y aquí es donde sucede la magia”, nos dice, mientras nos invita a atravesar unas enormes cortinas doradas que dan hacia una especie de sótano dentro de El 9, ataviado de memorias de monsieur Donnadieu, en forma de fotografías.

Caramelo tiene una colección impresionante de maquillaje: sombras en tonos pastel, rubor, labiales, brillos y joyería para el rostro. Mientras acomoda minuciosamente los cosméticos, nos cuenta que desde niño, cuando solo se llamaba Eduardo Carrizosa y vivía en Veracruz, ya vivía siempre rodeado del maquillaje, del arte histriónico y del glamour del escenario, pues en su tierra natal participaba en el baile folclórico y como buena jarocha usaba los trajes exagerados y “me colgaba hasta el molcajete”, recuerda.

“Pero mi primer acercamiento al travestismo fue en una obra de teatro donde interpreté a una prostituta colombiana -Consuelo- recuerdo muy bien ese personaje”.

Lalo o Caramelo

—¿Cómo nació Caramelo?

Mientras Caramelo comenzaba a cubrir las cejas de Paco con un maquillaje blanco, nos cuenta que cuando lleguó a la CDMX la invitaron a hostear en algunas fiestas de reggaeton y onda muy underground en las que tuvo la oportunidad de hacer drag; pero para todos, incluso para ella misma, seguía siendo Lalo, porque aunque trajera peluca y zapatilla seguía siendo la misma persona.

—De repente, en una de esas fiestas, alguien me gritó: “Caramelito, pásame una chela”, y a todos les encantó. Así nada más todos empezaron a llamarme Caramelo y, así de repente, en ese mundo underground, ya era conocida como la drag Caramelo: la buena onda, relajada, pero súper freaky, tanto, que si empieza a platicar de anime ya la perdimos. Se ríe.

—Caramelo me encantó, porque igual que yo no tiene género definido. Y a partir de ahí todo fue fluyendo.

Cuando andas en drag te empoderas un poco, es imposible negarlo

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—¿Cómo se vive el drag, Caramelo?

—Yo me considero una persona de género fluido y mi interpretación del drag, a partir de eso, es andar como estoy ahorita (se refiere a su pantalón y camisa de hombre). Para mí el drag no es un hombre que se viste de mujer; para mí es experimentar con tu cuerpo sentirte cómoda, cómodo, cómode, cómodx, -como lo que quieras- con tu cuerpo y contigo mismo y sentirte con la libertad de llevar tu feminidad a otro punto.

Yo no cambio de personalidad ni de actitud cuando hago drag, para mí no es un personaje, soy yo en todo momento, porque me gusta como soy.

—¿Caramelo y Lalo son iguales?

Bueno, es verdad que cuando andas en drag te empoderas un poco, es imposible negarlo. Ya sabes… estás en actitud de “me veo bonita” y “me siento bien padre” y entonces la jotería sale. Tú no lo controlas. (Risas).

Yo soy una drag, pero a veces muy travesti

—Me atrevería a decir que una drag está más allá del estar siempre vestido de mujer; una drag queen es una showgirl. O sea una drag anda metida en la fiesta. Los travesti, en cambio, son personas que se identifican más con el género femenino y viven una vida más identitaria hacia la feminidad.

—Yo me considero un poco travesti —se ríe— pues cuando voy al super, por ejemplo, me gusta usar mi ropa bonita y makeup. Pero cuando vengo al drag trato de estar más producida, más color, más show… el abanico o una que otra sorpresita—ya sabes.

Una vez que terminó de dar color a los párpados de nuestro compañero de redacción, Caramelo recuerda que las drag empezaron a partir de un movimiento político, como una protesta que cuestionaba ¿el por qué el hombre no puede ser femenino?, ¿por qué el hombre no puede ser diferente a lo que dicta la sociedad que debe de ser?

RuPaul y La Más draga un boom para las drag

Es cierto que las producciones televisivas como “RuPaul’s Drag Race” y “La Más Draga” han ayudado mucho a que la comunidad LGBT se sienta más segura de expresarse y de poder liberarse.

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“Tengo amigos cuyas madres ven este tipo de programas y ya al verlo en la televisión, las personas empiezan a sentirse cómodas con los drag, deja de causarles ruido, pero no debemos olvidar que vivimos en una metrópoli. No es el mismo caso en provincia, como por ejemplo, con mi familia, mis tías todavía se persignan cuando ven una foto mía”.

Luego de un desfile interminable de labiales, sombras, delineadores y gloss, Paco se fue desvaneciendo y vimos aparecer ante nuestros ojos a la nueva drag Lizbeth. “Todos podemos ser drag, es una tontería que digan que solo los gays somos drag y que los hetero no puedan serlo”, asegura Caramelo cuando revela a su primera hija drag: “Y la magia se hizo… Paquito se fue, nos quedamos con Liz”

Caramelo en el mundo de la Zona Rosa libre de discriminación

—Discriminación no he sufrido, pues en general caí en suavecito en la comunidad en la que entré, pues es muy alternativa y queer. Tiene la apertura de que cualquiera pueda vestirse, ser y verse como quiera. La comunidad en la que me desenvuelvo en lugar de agredirme me echa porras. Sin embargo, no digo que no hay discriminación, al contrario, hay mucha, nunca faltan las risas de la gente en la calle por como me visto, pero no ha pasado de ahí, nos cuenta mientras se transforma en Caramelo, para salir a tocar esa noche.

Y por supuesto, Caramelo no dejó de invitarnos a la fiesta de inauguración de la terraza de “El 9 y aquí les dejamos la invitación👇🏼

https://www.instagram.com/p/BzAismelBRo/

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Volvería a ser una drag y hasta me iba de fiesta: Paco

—Ponerse tacones y peluca puede que suene fácil ,pero no siempre es así. Mi experiencia como drag queen resultó ser una experiencia inolvidable. Se trató de hacer un performance.

—Durante esta travesía de ponerme peluca, tacones, kilos de maquillaje, lencería, pantimedias y vestido me ocurrieron cosas que me llenan de alegría. A lo que se suman las expresiones de quienes me acompañaron: «¡No inventes, te ves bien, cambias completamente!».

¡Pues claro que me veo así, en serio crees que me pasé más de dos horas arreglándome para lucir mal…!

A mucha gente le inspira ver el valor que tienen las drags para salir con todo el ajuar al bar o a la calle. Y eso no tiene precio. Tener la oportunidad de ser quien quieras. Perder el miedo al qué dirán.

No sé si a las demás drags les pase igual, pero cuando una se convierte en drag, deja de ser uno mismo y los problemas desaparecen. Aunque sea por un rato se olvidan las tristezas, los problemas, la carga del trabajo y puede una ser feliz con una peluca.

Para salir hacer una drag queen se necesitan “wevos“. Y hacerlo repercute en tu vida. En tu día a día, y debes aprender a quererte más y a sentirte más seguro de ti mismo.

Esa es la oportunidad perfecta para hacer amigos. Lo mejor es que te admiran y apoyan por quien eres y lo que haces. Y aunque termines con los pies desechos, salir una noche de fiesta siendo drag es lo mejor del mundo. La diversión está garantizada.

Después de una noche de fiesta y llegar cansada, no hay nada tan relajante y satisfactorio como quitarte todo el hechizo y poder descansar.

Pero eso sí: hacer drag es algo único que definitivamente volvería a hacer. Definitivamente, lo volvería a hacer.

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