#DESDELABARRERA: Semáforo epidemiológico, fuera de la realidad

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Aletia Molina

El pasado 19 de enero, el semáforo epidemiológico se “fundió” en México. En pleno pico de contagios en la cuarta ola de #Covid19, las autoridades sanitarias omitieron la actualización de los colores que decidirían la reapertura de las actividades económicas y sociales, y anunciaron, en CDMX que continuamos en verde.

Los criterios se han vuelto laxos, bajo el argumento de reflejar mejor el estado actual de la epidemia. A pesar del repunte de los casos, el Gobierno de Andrés Manuel López Obrador deja claro que la intención era evitar a toda costa nuevos cierres y restricciones como los que se vieron al principio de la pandemia.

A casi dos años, los cuatro colores de la herramienta han sido objeto de polémica: provocando roces con los gobernadores de los Estados, mandando mensajes contradictorios sobre lo que se puede y lo que no se puede hacer, y alimentando las sospechas por su falta de claridad y transparencia.

Sin embargo, los problemas vinieron desde el inicio. El semáforo se estrenó a finales de mayo del 2020, junto al paquete de medidas que el Gobierno presentó como la “nueva normalidad” y pintó de rojo 31 de los 32 Estados del país.

La erosión de la credibilidad de la herramienta ha sido un proceso gradual y desde su concepción tuvo problemas: como el rezago de varias semanas de la información recabada, lo que no permite dar una respuesta en tiempo real a la epidemia o la idea de asignar un solo color para cada Estado, cuando hay realidades radicalmente distintas en zonas de una misma entidad.

La pandemia está “fuera de control” en varios puntos del país. Y aunque la incapacidad de hacer pruebas a toda la población hace que el subregistro sea un fenómeno generalizado en el mundo, los cálculos que ha hecho es que habría que calcular hasta por 30 veces la cifra de contagios oficiales para llegar al número real de personas que han tenido covid en el país.

Sin embargo y por fortuna, la misma población está tomando medidas, el pasado fin de semana, se registró un marcado descenso de gente en las calles, varios museos están cerrando sus puertas, oficinas gubernamentales están cerrando sus ventanillas… a pesar de que las autoridades cierren los ojos ante la emergencia, la población está haciéndose cargo de su propia seguridad y salud.

El dato que más preocupa de la cuarta ola es la aceleración de los contagios ante la aparición de la variante Ómicron: ¡ya no hay tiempo! El pico de esta ola, según estimaciones, sujetas al avance diario del coronavirus, ya está aquí.

@AletiaMolina

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