Examen psicológico a los periodistas y Sergio Aguayo

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Jorge Meléndez Preciado

Cuando menos  seis empleados de Humberto Moreira Valdés, cuando este fue gobernador de Coahuila,  han sido acusados  de peculado. La suegra de ese señor, Herminia Martínez, sufrió la requisa, en Estados Unidos,  de su casa valuada en más de 10 millones de pesos por lavado de dinero. El citado ex presidente del PRI tuvo que dejar inopinadamente su cargo, irse a estudiar (sic que tiene orejas de burro) a España y allá fue detenido por presuntos nexos con delincuentes. En aquella entidad, cuando fue mandatario, se hablaba de sus relaciones  con el crimen organizado. Además, dejó una deuda de más de 33 mil millones de pesos, que seguirá pagando la ciudadanía durante varios decenios.

Esos son hechos verificables en diferentes medios  del país. Así pues, que el investigador del CIDE, Sergio Aguayo, haya dedicado varias columnas a dicho personaje no lo hace culpable de nada, menos de ser  una persona desequilibrada emocionalmente o que guarde un rencor personal contra un político que tiene un largo historial de acciones y relaciones muy poco cuidadosas, empezando por la señora Elba Esther Gordillo y siguiendo con muchos políticos tricolores que han sido nefastos para el avance  de la nación y propulsores de la antidemocracia.

Empero, el lunes 27 de febrero y el miércoles 1 de marzo, el juez Quinto de lo Civil en la CdMx, Alejandro Rivera Rodríguez, hizo comparecer al autor de una veintena de libros y varias investigaciones ante un(a) psicólog@ para que respondiera trece preguntas que elaboró el multicitado Humberto Moreira acerca de la personalidad del catedrático.

Algunas son acerca del perfil psicológico del también periodista, como: ¿Cuál es la imagen que Sergio Aguayo posee de Humberto Moreira? Y si existe animadversión del primero hacia el segundo, entre otras.

El asunto, lejos de tratarse de un litigio acerca de la libertad de expresión, el derecho al honor o la privacidad de una persona, se torna como un interrogatorio que trae a colación los gustos, esquizofrenias o  malas vibras de una persona a otra, lo cual es  ridículo. Y no debe ser así, estamos ante el caso de un investigador que ha denunciado los abusos del poder de un funcionario que ha defraudado a cientos de miles, el cual tiene posibles  nexos con maleantes y señalamientos al por mayor.

Se dice en la acusación, que  los artículos de Sergio fueron críticas sin sustento y que se ha burlado e insultado al llamado también, Humberto el bailador. Pero la mesura de Aguayo ha sido muy clara, ya que no lo ha señalado sin que medie una información. Por lo tanto, se trata de acallar no sólo a este compañero de tareas, sino de inhibir a muchos de nosotros para que no denunciemos casos tan notorios que luego salieron a la luz y ahora están en el limbo, si existe todavía esa figura religiosa.

Son los ejemplos de Javier Duarte  y Cesar del mismo apellido, el de Roberto Borge, el de Gabino Cué y muchos otros, a quienes se les mantiene sin perseguir en serio o se les ha dado carta blanca para que puedan gozar de lo que esquilmaron al erario.

Esos como otros señores, los cuales ahora están en boca de todos, fueron denunciados inicialmente  por reporteros locales. Hasta que el asunto fue de proporciones mayores,  entonces se puso el acento en la depredación de nuestros impuestos.

Hace algunos años, el periodista Alfredo Rivera hizo un libro acerca de la mafia hidalguense. Lo tituló: La Sosa Nostra. S e refiere  a la familia que maneja todavía la Universidad de Hidalgo. El prólogo lo realizó el notable Miguel Ángel Granados Chapa. Los dos fueron perseguidos con saña por los caciques de esa entidad. Luego de una batalla larga donde participaron muchos colegas, exoneraron a los dos   participantes del texto.

Tiempo atrás, Manuel Buendía fue amenazado y tratado de juzgar por Rubén Figueroa, el individuo que en un reportaje televisivo con un agencia francesa, dijo que le gustaría ser enterrado con una pantaleta en la boca y un portabustos en los ojos, lo que mostraba sus aspiraciones. Triunfó después de una batalla donde participamos muchos, el autor de la columna: Red Privada.

Es momento de solidarizarnos amplia, abierta y contundentemente con Sergio Aguayo, independientemente de coincidencias y diferencias. La libertad de expresión está en juego en muchas partes del mundo. Con Trump atacando a los periódicos abiertamente; en México con juicios en contra de varios: Carmen Aristegui y un corto etcétera, amén de asesinatos sin aclarar como los de Rubén Espinosa y Regina Martínez, entre muchos otros.

Bien dice Lorenzo Meyer: Tenemos un poder judicial corrupto y desprestigiado.

O como señala The Washington Post: “La democracia muere en la oscuridad”.

jamelendez44@gmail.com

@jamelendez44

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