ALGO PARA RECORDAR…

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“Tierra sin hombres para hombres sin tierra”

Luis Alberto García / Río de Janeiro, Brasil

*Ese lema sirvió para estimular a empresas extractivas.
*Chico Méndes dio el paso de sindicalista a ecologista.
*El gobierno militar ignoró a seringueiros e indígenas.
*Los latifundistas, enemigos naturales de los pobres.
*Trayectoria de un hombre marcado por sus asesinos.

Bajo el lema “Tierra sin hombres para hombres sin tierra”, se incentivó después de la imposición del régimen militar que sojuzgó a Brasil de 1964 a 1985 la llegada masiva de ganaderos y empresas extractivas vinculadas a latifundistas, ignorando a quienes ya vivían allí, los seringueiros o trabajadores del caucho y grupos indígenas originarios.
Méndes, asesinado en diciembre de 1988, pasó de seringueiro a sindicalista y de sindicalista a ecologista, de tal suerte que, en 1975, participó en la fundación del Sindicato de Trabajadores Rurales de Brasil, junto a su compañero Wilson Pinheiro.
Dos años después fundó el Sindicato de Trabajadores Rurales de Xapurí, del cual fue secretario general y presidente hasta su muerte en 1988 a manos de Darly y Darcy da Silva, que se vieron afectados ante la exigencia por los derechos de recolectores de caucho y trabajadores del transporte para preservar, al mismo tiempo, los empleos y la selva.
Fue uno de los principales impulsores del Consejo Nacional de los Seringueiros y participó en la creación de la Central Única de Trabajadores y del Partido de los Trabajadores (PT) que ha llevado a Luiz Inácio Lula da Silva a la Presidencia de Brasil en tres ocasiones.
En 1984 se convirtió en el primer presidente de la CUT de Acre con una oposición frontal a la deforestación y su defensa de los pueblos de la floresta —indígenas, recolectores de caucho y comunidades ribereñas— que le dieron una proyección internacional inesperada para un hombre surgido del corazón de la Amazonia, en otras palabras, incansable protector de la selva
La resistencia de los seringueiros no surgió de manera improvisada, porque el 10 de marzo de 1976, en Brasiléia, municipio cercano a Xapurí, se realizó el primer paro de la historia amazónica: una acción colectiva y no violenta para impedir la tala de un seringal, área de selva explotada de forma sostenible por los recolectores de caucho.
Aquella jornada marcó el comienzo de una estrategia inédita frente al avance de la deforestación impulsada por los grandes latifundistas.
Entre 1976 y 1988, Chico Méndes junto con Wilson Pinheiro —asesinado en 1980— organizó al menos cincuenta huelgas, cuyo costo que les hicieron pagar demasiado alto: unas cecas de quinientas personas fueron detenidas, decenas torturadas y varias muertas.
Así operaba el cesarismo militar de los generales y mariscales y, pese a eso, sus acciones lograron frenar la destrucción de aproximadamente un millón 200 mil hectáreas de selva amazónica; pero cada paro era un choque directo con los intereses de los propietarios rurales, que veían en la organización comunitaria un obstáculo para la expansión de la ganadería y la especulación sobre la tierra.
La lucha, lejos de ser solo ambiental, expuso una trama de violencia estructural y violaciones a los derechos humanos. La defensa del bosque se volvió inseparable de la defensa de la vida.
Pocos días antes de ser asesinado el 22 de diciembre de 1988, Méndes pronunció un discurso en el que reflejó la tensión permanente entre esperanza de salvar la selva y las constantes amenazas: dijo que si su muerte sirviera para fortalecer la causa, tal vez tendría sentido; pero que la experiencia le había enseñado lo contrario.
“Las manifestaciones o los entierros no salvarán la Amazonía. Quiero vivir”, dijo, dejando en claro que su lucha no era un gesto para convertirse en mártir, sino una apuesta por el futuro, sin embargo, su asesinato cambió el escenario.
Fue un crimen alevoso que hizo que el mundo pusiera por primera vez los ojos sobre la destrucción de la Amazonia y la sistemática violación de derechos humanos en una región que abarca más de la mitad de territorio nacional de Brasil.
Tiempo después, la cantante de Minas Gerais, Roselí Prado, expresó que ese delito puso fin a una impunidad que parecía intocable y abrió el camino para que sus principales propuestas comenzaran a concretarse.
“Entre ellas, estuvo la creación de las reservas extractivas, que se transformaron en una herramienta clave para la protección de la selva y de las comunidades que lo habitan”, definió Roselí la noche del asesinato y recordó el hecho y sus repercusiones
“El 22 de diciembre de 1988, una semana después de cumplir 44 años, Chico Méndes salió de su casa en Xapurí y no volvió a entrar. La noche amazónica lo esperaba en silencio. No fue una sorpresa ni un arrebato: el crimen se gestó durante meses de amenazas, advertencias públicas y pedidos de auxilio que nunca encontraron respuesta. En Acre, su tierra, todos sabían que era un hombre estaba marcado por Darly y Darcy da Silva, latifundistas enemigos naturales de los pobres”.

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