La camiseta azul de Argentina confeccionada en Tepito

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Luis Alberto García /Cdmx

*Un vecino del barrio narra la historia.
*No había la prenda oficial para un juego mundialista.
*Óscar Ruggieri recuerda que Héctor Zelada recomendó su compra.
*Un grupo de costureras capitalinas fueron la salvación.
*Los números estampados eran de futbol americano.

José Antonio Carrillo, vecino de la colonia Morelos, productor de televisión con más de medio siglo de actividad de medios nacionales e internacionales, refiere que en un lugar de su aguerrido barrio de la ciudad de México se encontró un lote de camisetas azules “piratas” como las que utilizaba la selección de Argentina.
Ante la falta de éstas para disputar un partido oficial en México 86, aunque no formaban parte del diseño oficial, fueron adaptadas de emergencia, recurriendo a algunas costureras que trabajaban para el Club América capitalino.
Eses señoras de Tepito fueron la salvación, la solución para que Argentina vistiera correctamente en ese partido mundialista, con aguja e hilo listos, con los que agregaron los escudos y nombres en la espalda.
Además -consigna Carrillo el tepiteño-, los números estampados eran de futbol americano, más grandes y en color plateado; pero la improvisación para resolver el asunto fue la clave para documentar en un video al autor del gol que llevó al triunfo final y a la corona universal, a Jorge Burruchaga, que muestra lo sucedido y se le escucha decir: “si salimos campeones del mundo será un milagro” y así fue.
Argentina ganó la Copa del Mundo en México y esa improvisación dio origen a una de las camisetas más recordadas en la historia del futbol mundial, conservándose los dos colores de siempre, los de la bandera nacional.
Años más tarde Óscar Ruggeri reveló que efectivamente, las playeras fueron comparadas en Tepito a recomendación de Héctor Miguel Zelada, quien en ese entonces era seleccionado albiceleste y jugaba para las Águilas; al final, a Maradona le gustó la playera y fue la aprobación absoluta para dar paso a lo ya escrito en la historia.
Décadas más tarde, en mayo de 2022, la casa de subastas Sotheby’s vendió esa misma prenda, que Maradona intercambió con el inglés Steve Hodge tras el partido, por 9.28 millones de dólares, convirtiéndose en una de las camisetas deportiva más caras jamás vendidas en la historia.
La famosa playera de Diego Maradona fue subastada es un legado que sigue latiendo luego de que el astro falleció el 25 de noviembre de 2020, a los 60 años, dejando una huella imposible de borrar.
Jugó 91 partidos y anotó 34 goles con la selección argentina, ganó el Mundial, dos títulos con el Napoli y el cariño eterno del pueblo; pero su herencia va más allá de los números: fue un símbolo de los que vienen de abajo, un reflejo de las contradicciones humanas y una figura que unió al fútbol con la identidad cultural.
En México, su recuerdo se mantiene vivo y los murales en Tepito lo retratan como “uno más del barrio”, y el estadio Azteca Banorte aún resuena con su nombre, sin solvidar cada 30 de octubre, cuando miles de aficionados en Argentina y en el mundo celebran su nacimiento como si aún siguiera gambeteando defensas.
La camiseta de Tepito, aquella que rozó el cielo de 1986, sigue siendo el puente perfecto entre el mito y el pueblo, entre el genio de Villa Fiorito y la creatividad mexicana, entre el barro y la gloria.
Para la mayoría de los argentinos, Diego Armando Maradona sigue siendo un futbolista inagotable que trascendió el deporte para convertirse en cultura popular, en religión laica, en relato colectivo.
Y en ese relato, México ocupa un lugar privilegiado, porque fue aquí donde Maradona se transformó en leyenda, donde jugó el partido que lo inmortalizó y donde vistió una camiseta nacida del barrio, como él.
Así, Maradona con la selección de Argentina en el Mundial de 1986, llevó al triunfo a la albiceleste, y la playera de Tepito, esa que olía a calle, a improvisación y a fe, acompañó al “10” en la tarde más gloriosa del futbol.
Y hoy, cada vez que el mundo recuerda el Gol del Siglo del 18 de junio de ese año, recuerda también que la grandeza, a veces, se teje con las manos del pueblo bueno y sabio, como expresó un neoclásico.

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