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JORGE HERRERA VALENZUELA/

De ninguna manera y por ningún motivo comentaría que el gobierno mexicano no ha cumplido en su guerra contra los narcotraficantes, porque desde noviembre de 1984 ha procedido contra esos sujetos que, además de envenenar a un número indeterminado de seres humanos, de causar la muerte a miles de personas, cimentaron las bases de la delincuencia organizada y alteraron la vida en todo el país. México es el productor de la mariguana y el paso de la droga cultivada en Sudamérica. Los consumidores radican en los Estados Unidos de América.

Los principales cabecillas fueron aprehendidos por la policía mexicana. Unos están en reclusorios nacionales. Muchos son huéspedes de las prisiones norteamericanas, antes de ser procesados penalmente y sentenciados en México, donde cometieron sus fechorías. La actividad de los carteles, como se denominan a los grupos delictivos, se incrementó hace poco más de diez años cuando, sin estrategia definida, el presidente Felipe de Jesús Calderón Hinojosa declaró la guerra a los narcotraficantes, involucrando al hasta entonces respetado Ejército Mexicano y a los miembros de la Marina. El suelo azteca se tiñó de rojo, de sangre humana. Han muerto muchos combatientes y cientos de civiles inocentes, éstos ajenos a la delincuencia.

En este 2017 el empresario republicano que funge como presidente de la Unión Americana tiene entre sus planes, desde su campaña, acabar con los mexicanos que exportan la droga hacia tierras yanquis. Considero que debe de empezar por su casa, porque, aceptando sin conceder, que México “envía la droga”, la primera pregunta es, ¿quién o quiénes la reciben? No son los mismos transportadores los que la distribuyen, la comercializan y los que hacen los pedidos. Se dice que la demanda es fuerte y de ello, supongo, estarán enterados jefes y agentes de la DEA, dependencia dedicada al combate de las drogas en el extranjero.

Las autoridades mexicanas comenzaron el combate en noviembre de 1984, al quedar descubierto el Rancho “El Búfalo”, de miles de hectáreas dedicadas al cultivo de mariguana. A ese enorme predio que se localiza en los municipios de Jiménez y Camargo, Chihuahua, llegaron 450 elementos del Ejército Mexicano para arrasar con los sembradíos e incinerar la yerba. Ahí diez mil jornaleros tenían trabajo permanente. El dueño fue identificado como Rafael Caro Quintero, a quien se le atribuyó la jefatura del Cartel de Guadalajara, teniendo como socios a Miguel Ángel Félix Gallardo y a Ernesto Fonseca Carrillo.

A raíz de esos hechos, en los que la DEA infiltró al agente Enrique Camarena Salazar, se produjo la muerte de dicho individuo y de un piloto aviador mexicano que operaba como informante. Caro Quintero y sus socios fueron señalados como responsables del doble homicidio, aunque los yanquis acusaron a otras personas de complicidad. Años después circuló la versión de que “Kiki”, apodo que Camarena tenía dentro de la DEA, había sido víctima de sus propios compañeros. Caro Quintero, Félix Gallardo y Fonseca  Carrillo quedaron a disposición de la justicia mexicana.

En los siguientes años hubo más acciones emprendidas por el gobierno mexicano, coordinándose con los norteamericanos, mediante programas específicos. En nuestro territorio fueron arrestados los capos de los Carteles del Golfo, de Sinaloa, se aniquiló a los hermanos Arellano Félix. Después vendría las detenciones de Oziel Cárdenas Guillén, de Héctor “El Güero” Palma, de Juan García Abrego. Otros murieron al enfrentarse con  militares y marinos, entre ellos algunos de los hermanos Beltrán Leyva. No han sido localizados Ismael Zambada García, “El Mayo”, ni “El Azul” de nombre Juan José Esparragoza Moreno, pero sus hijos están presos. Amado Carrillo Fuentes, “El Señor de los Cielos”, murió cuando le practicaban una cirugía plástica, según se supo.

Capítulo aparte es el caso de Joaquín Guzmán Loera, el internacionalmente famoso “Chapo Guzmán”, quien desde hace corto tiempo extraditó el gobierno mexicano y lo puso a disposición de las autoridades norteamericanas. Era el número uno de los narcotraficantes y en dos ocasiones escapó de penales de alta seguridad (Puente Grande, Jalisco, y El Altiplano, Estado de México), quedando abiertos sus procesos como ocurrió con Mario Villanueva, exgobernador de Quintana Roo, detenido en nuestro país, pero procesado y condenado en Estados Unidos; lo regresaron y ahora debe cumplir una sentencia de jueces mexicanos.

Pues bien, México ha cumplido con su encomienda. La historia de 1984 a la fecha es muy larga. Novelas, películas, series de televisión, basadas en la vida de los personajes tristemente célebres, son del dominio público.

PREGUNTA PARA MEDITAR:

¿Llegará el día en que se conozcan los nombres de quienes son los regenteadores, del repugnante negocio, en la Unión Americana?

jherrerav@live.com.mx

 

    

 

 

 

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