Y cuando llega a la cuarta semana en cines, Memorias de un caracol logra el primer lugar en asistencia en México

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Por Paty Ornelas
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El fin de semana largo que acaba de pasar (13-17 marzo) sirvió para que 286 mil personas fuéramos a ver Memorias de un caracol, una película de animación australiana hecha con la técnica de stop-motion (movimientos con plastilina), nominada al Óscar con Mejor largometraje de animación, y también al Globo de Oro como Mejor filme de animación; además de ser la ganadora del Festival Internacional de Cinema de Catalunya como Mejor largometraje de animación y ganadora también del Festival de Annecy como Mejor largometraje.

Definitivamente todas las nominaciones y premios son más que merecidos, la historia, la producción, el ritmo, la edición, la música, todo es una obra de arte, y lo mejor de todo es que aún está en las salas de cine.

La historia es la de Grace una niña de apenas siete añitos que vive con su padre y su gemelo Gilbert, y que tienen una vida complicada por decir lo menos. El padre en silla de ruedas debido a un accidente, hizo que dejara de trabajar en las calles haciendo malabares (el padre del director fue payaso acrobático en Victoria, Australia), por lo que subsisten con una mínima aportación del gobierno que no alcanza ni para sus cigarros.

El padre que estaba muy deprimido, padece además de apnea del sueño, por lo que los niños aplauden cada vez que se queda sin respirar, hasta que un día ya no despierta, y los servicios sociales los colocan con familias diferentes.

A Grace, hasta eso, le toca una familia que si bien no le daba mucho amor, tampoco la maltrataba, a diferencia de Gilbert que tiene que sobrevivir a una familia fanática de la religión y homofóbica.

Para niños con papás

La película no es para niños (a menos que sus padres estén conscientes), porque toca temas como el abuso en el consumo de alcohol, el uso de sustancias recreativas, el amor entre personas del mismo sexo, la esclavitud laboral infantil, muy al estilo de su director y guionista Adam Elliot quien tardó ocho años en hacer el rodaje.

Todos necesitamos una Pinky

Afortunadamente Grace se hizo amiga de una señora un poco loca, un poco liberal, y muy muy relajada, llamada Pinky que no sólo le da compañía y cariño, sino que la impulsa a olvidarse de los caracoles, a hacer limpieza profunda de su casa y a vivir la vida lo mejor posible aún con los terribles obstáculos que tiene que enfrentar. ¿Lo logrará? Y más aún, ¿lo lograremos nosotros?

Eso si, llévense muchos pañuelos porque la lloradera será muy intensa, pero sin duda valdrá la pena.

 

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