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Eduardo Rodríguez Mayén

Imagina que estás haciendo cualquier actividad de tu vida cotidiana; caminando por una plaza comercial, leyendo el periódico, cenando con tus amigos, manejando a tu trabajo, sentado tomando una clase, cualquier cosa que parezca normal y de pronto se llena tu pecho de una sensación que te quema por dentro, tu pulso se acelera y comienzas a sudar, tus manos se duermen, tus piernas se doblan, tu mente centrifuga tus ideas como una lavadora, el estómago se tuerce, estás teniendo un ataque de ansiedad.

¿Cómo andamos los mexicanos de salud mental? Según la Encuesta Nacional de Epidemiología y el informe “La salud mental en México”, que elaboró la Cámara de Diputados, así como información del Plan de Acción de Salud Mental 2013-2020 de la OMS, el 28.6% de la población —más de uno de cada cuatro mexicanos— de entre 18 y 65 años ha sufrido, al menos una vez, una enfermedad o un trastorno mentales, siendo la ansiedad el trastorno psicológico más frecuente en nuestro país, padecida por el 14.3%; le siguen el abuso de sustancias (9.2%) y las fobias (7.1%). Mientras el 18% de la población urbana de entre 18 y 65 años padece un trastorno afectivo, principalmente depresión, en un futuro próximo, el 36% de los mexicanos padecerá un desorden psiquiátrico antes de los 65 años; de entre ellos, 20% desarrollará bipolaridad o depresión, 17.8% ansiedad y 11.9% abusará de alguna sustancia.

En algún momento de tu vida detona algo que se convierte en una “pequeña bola de nieve interna”, nunca te das cuenta, pero va creciendo más y más y más, quieres contarle a alguien, pero es difícil que te comprendan, incluso hay quien te recomienda el nada efectivo: “relájate todo va a pasar” y adivina, ¡no pasa! Te preguntas en qué momento comenzó a cambiar tu vida cuando todo era tan “normal”, a estas alturas el sentimiento de incomprensión es brutal.

No sería correcto de mi parte escribir sobre los trastornos mentales, sin antes admitir que me encuentro en plena batalla por vencer a mi propio enemigo; el trastorno de ansiedad.  El primero que supo de mis momentos complicados fue mi buscador de Google. Busqué todo lo relacionado a los ataques de ansiedad, me he colado fantasmalmente a los Foros de Discusión para leer los comentarios sobre el padecimiento que manifiestan otras personas, he visto cientos de tutoriales con información al respecto en Youtube. Me pasa lo que le sucede a la mayoría de los que sufren esta complicada crisis, quieres llenarte lo más posible de información y datos donde aparezca la llave mágica que te saque de este ring. En mi caso, enfrentar esta condición no ha sido nada fácil, pero instauré en mi pensamiento la trillada, pero hasta ahorita efectiva filosofía de “un día menos”, como si se tratara de pasos, uno a uno que me conducen a la salida del camino.

Con el antecedente anterior este texto pretende concientizar sobre lo común que es entre nuestra sociedad este y otros padecimientos que tienen en su origen, (la mayoría de las veces), la agitada vida y el exceso de preocupaciones con la que vivimos los mexicanos. El coctel detonante puede incluir las extenuantes jornadas laborales por encima del promedio de horas que indica la OCDE, la insuficiencia salarial que predomina, así como la diariamente colapsada movilidad de nuestra ciudad, motivo que obliga a los ciudadanos a realizar jornadas diarias de incluso 18 horas. Poco sueño, mucho estrés y comienza la bola de nieve a crecer.

A pesar de ser un padecimiento que por su elevado índice ya es considerado “común”, el trastorno de ansiedad, así como los demás desórdenes han cobrado un muy elevado número de vidas. En 2014, hubo 6 mil 337 suicidios en México, equivalentes a 17.3 suicidios diarios, lo que representa un incremento del 43% con respecto a 2005. La población más vulnerable es la de los desempleados. Por desgracia el desconocimiento de este mal no incentiva que los que lo padecen acudan a un especialista para realizar un tratamiento controlado que nos permita salir más rápido de la crisis y, si a esto le sumamos que el último registro del año 2016 indica que existían 4 mil 393 especialistas en psiquiatría, que equivalen a uno por cada 29 mil mexicanos, estamos todavía más lejos de ganar la batalla y reducir los porcentajes de ciudadanos afectados.

Hace poco leí una cita que dice “Ningún Gran Inquisidor tiene preparadas torturas tan terribles como la ansiedad; ningún espía sabe cómo atacar con tanta astucia al hombre del que sospecha, escogiendo el momento en que se encuentra más débil, ni sabe tenderle tan bien la trampa para atraparlo como sabe hacerlo la ansiedad, y ningún juez, por perspicaz que sea, sabe interrogar y sondear al acusado como lo hace la ansiedad, que no lo deja escapar jamás, ni con distracciones y bullicio, ni en el trabajo ni el ocio, ni de día ni de noche” me pareció impactante porque retrata de cuerpo entero al enemigo a vencer y luego reflexiono a profundidad y en mi lejana lucidez entre los malestares me doy cuenta que soy yo quien le abre la puerta para que pase y se siente aquí a lado y comience a inquietar mi vida.

Debemos ser fuertes en esta batalla, saber escuchar, dejarnos guiar, saber hablar, saber disfrutar de las pequeñas y grandes cosas que nos brinda la vida todos los días. Si sabes de alguien que padece algún trastorno mental que requiera ayuda, no dudes en brindársela, escucharlo un par de minutos puede hacer una gran diferencia, referirlo a un especialista puede ayudarle aún más y si es tu caso y estás igualmente luchando, recuerda que siempre hay alguien dispuesto a brindarte su mano para enfilarte de nuevo en tu camino y seguir adelante, que la aceptación del mal que te afecta es el primer y más importante paso para vencerlo y que vivir el hoy, sin pensar tanto en el futuro que nadie ha construido es la mejor manera de lidiar con este padecimiento. Te lo digo yo, que lo llevo de gane, recuerda, mañana es un día menos…

 

 

 

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