viernes, abril 19, 2024

“Una Franja y Una Ruta” para el mundo

*Por Xiao He

Si se desea valorar correctamente el impacto mundial de la iniciativa china de “Una Franja y Una Ruta”, se debe conocer y resumir de forma objetiva su repercusión en algunos países, en vez de tratar de adivinar constantemente las intenciones de China.

Desde su creación hasta su puesta en práctica, han transcurrido ya tres años. Aunque la iniciativa está todavía en etapa de desarrollo y el público nacional y foráneo sostiene diferentes puntos de vista sobre su implementación, ha alcanzado una escala inicial en los continentes asiático y europeo. Asimismo, viene ejerciendo una profunda influencia en lo que será la clave del desarrollo futuro.

Mejora de la infraestructura

La conectividad es la parte medular de la iniciativa. El fortalecimiento de la infraestructura en las zonas a lo largo de la Franja y la Ruta, así como la creación de una base material firme para la circulación de personal y productos en la región, son los primeros objetivos de la iniciativa.

La construcción de infraestructura se refiere a carreteras, líneas ferroviarias, puertos, aeropuertos, vías de telecomunicación y energía, entre otras. En cierto sentido, los avances reales han enfatizado la construcción de la industria pesada, pues el objetivo de mejorar la conectividad consiste en elevar la capacidad industrial de los países involucrados.

Algunos de los numerosos proyectos desarrollados bajo el marco de “Una Franja y Una Ruta” han ganado atención regional y mundial, tales como los de los puertos de Gwadar (Pakistán), de Colombo y Hambantota (Sri Lanka) y el Ferrocarril Sino-Laosiano. Algunos son una extensión de proyectos existentes, otros están en planes de construcción, y están también los que han alcanzado acelerados progresos gracias al marco de la iniciativa. No solo han mejorado el estado de la infraestructura local, sino que también han promovido el desarrollo integral industrial y social de los países anfitriones.

Para conocer bien los frutos reales alcanzados gracias a esa iniciativa, la forma más directa y objetiva es observar las inversiones chinas en el exterior. De acuerdo con datos del Ministerio de Comercio, las inversiones directas chinas no financieras en 49 países a lo largo de la Franja en el año 2015 fueron de 14.820 millones de dólares, con un aumento interanual del 18,2 %. De enero a julio de 2016, esas inversiones en 51 naciones a lo largo de la Franja representaron 7870 millones de dólares, con un descenso interanual del 8,4 %. Es decir, los cálculos realizados por las autoridades chinas sobre las inversiones en la región desde 2013 hasta la actualidad han registrado alrededor de 50.000 millones de dólares, cifra que, cabe mencionar, es mucho más baja que otros análisis de este tipo de fuentes independientes.

Según China Global Investmente Tracker, un instituto de estudios centrado por largo tiempo en las inversiones chinas en el exterior, desde 2013 hasta junio de 2015, las inversiones chinas totales en las naciones a lo largo de “Una Franja y Una Ruta” fueron de 95.000 millones de dólares. Conforme a los datos del Center for American Progress, hasta septiembre de 2016 dicha cifra era de 250.000 millones de dólares. Lo que ha motivado tal diferencia es el uso de un estándar de cálculo distinto.

El Ministerio de Comercio de China calcula por separado las inversiones directas y el volumen de obras contratadas en el exterior. Por ejemplo, según el Ministerio de Comercio de China, el volumen de nuevos contratos firmados con los países de “Una Franja y Una Ruta” entre enero y julio de 2016 fue de 58.890 millones de dólares, un incremento del 19,1 % respecto al mismo periodo de 2015. Ello significó un 51,7 % del volumen total de nuevos contratos firmados en general por China en el mismo periodo.

Además, muchos proyectos coinciden en carácter y tiempo, por lo que reciben la misma atención del Gobierno chino y no están incluidos en la lista mencionada anteriormente. El más conocido es el del parque industrial económico con cooperación, explotación y gestión conjunta de China y Bielorrusia. Todo esto revela que China no habla sin actuar ni exagera al anunciar que ha invertido una gran cantidad de plata y oro para mejorar la infraestructura y la capacidad industrial de dichos países. Así lo atestiguan las cifras. Aunque las tasas para el uso del capital son distintas, las inversiones de todas formas generarán un efecto positivo.

Impacto psicológico

Con los cambios concretos, la iniciativa de “Una Franja y Una Ruta” ha generado un impacto psicológico en los países cercanos y en el mundo.

Objetivamente decimos que ese proyecto está establecido sobre la base lógica de ganancias a largo plazo generadas por la construcción de infraestructuras, las cuales son difíciles de calcular de forma precisa debido a su complejidad. A pesar de que el elevado riesgo y las grandes inversiones son notables, no se corresponden con las ganancias económicas a corto plazo. Es decir, no es posible que todos los impactos de la iniciativa sean positivos, lo cual lógicamente produce incomprensiones, dudas, e incluso opiniones opuestas. Algunos piensan que China tiene la intención estratégica de “expandir su esfera de influencia”. Sin embargo, las experiencias prácticas de los últimos tres años testifican su carácter altruista. Cada día más naciones esperanzadas reciben el apoyo de “Una Franja y Una Ruta”, lo cual promueve su participación activa y profunda en los intercambios regionales.

¿Esperanzadas? Las mejoras infraestructurales favorecen el desarrollo económico y los intercambios comerciales. Pero debido a las condiciones naturales y los factores geopolíticos, muchas regiones de Asia y Europa no tienen capacidad ni mecanismos existentes de cooperación internacional para reforzar su infraestructura y capacidad industrial. Es difícil que puedan mejorar tales condiciones mediante un modelo mercantil que garantice un beneficio a corto plazo. Al mismo tiempo, la “anarquía” de la sociedad internacional no les puede ofrecer “productos públicos” o capitales de “transferencia gubernamental”.

Esta contradicción estructural provoca que sea difícil el desarrollo económico a largo plazo en esas regiones. En ese contexto precisamente China propone la iniciativa de “Una Franja y Una Ruta”, que ofrece la esperanza de alcanzar el desarrollo regional al proporcionar el capital, basado en la iniciativa de los países anfitriones. Muchos Estados han revelado su interés por este proyecto con más ánimo que China. Aunque a veces los planes son difíciles de realizar, siempre y cuando haya esperanza, las acciones sociales empezarán a desarrollarse.

¿Qué significa selección? Hoy día, los viejos mecanismos representados por el Banco Mundial y el Banco Asiático de Desarrollo no pueden satisfacer las demandas de capital de muchos países debido a su exagerada preocupación por eludir riesgos y proteger los intereses de los países inversionistas, lo que mantiene atado el desarrollo. Gracias a la propuesta de “Una Franja y Una Ruta”, China ha establecido nuevos mecanismos como el Banco Asiático de Inversión en Infraestructura (BAII), y ha convertido su concepto propio de desarrollo en una ruta pragmática que otras naciones pueden seguir.

Lógicamente no quiere decir que ese concepto de desarrollo sea el mejor, pero demuestra su original ventaja al resolver algunos problemas reales. Sin duda, el debate sobre diferentes ideas y propuestas impulsará a los países a trabajar entre sí y desplegará aún más el potencial de la sabiduría humana en la gobernanza mundial.

Una prueba útil para el mundo

Tras conocer qué influencias ha ejercido esta iniciativa para los países a lo largo de la Franja y para el mundo, tenemos que ser conscientes de que esta no es la única estrategia de desarrollo e inversión de China al exterior. En aspectos como el porcentaje, la etapa pico de la inversión china en los países a lo largo de la Franja ocurrió antes de 2007. En 2016 alcanzó su apogeo debido al impulso del capital privado teniendo como objetivo los países desarrollados tradicionales, no la zona de “Una Franja y Una Ruta”.

De acuerdo con datos del Ministerio de Comercio, entre enero y mayo de 2016, las inversiones chinas en Norteamérica y Oceanía lograron un aumento del 208 % y 72,4 %, respectivamente, comparadas con el mismo periodo de 2015, mientras que el aumento de dicho índice en Asia, América Latina y África solo fue del 62,8 %, 50,5 % y 5 %, respectivamente. Entre ellas, sobresale la inversión en EE. UU., que alcanzó el mayor valor sobrepasando en gran medida registros anteriores.

Este hecho pone de manifiesto que China ha buscado varios caminos para promover su propio desarrollo y aliviar los posibles riesgos generados por las inversiones en el proyecto de “Una Franja y Una Ruta”. Con el “auto suministro de cereales” y de cierta forma “asumiendo riesgos”, China está realizando una prueba a gran escala del desarrollo transnacional. Aunque el objetivo final es tratar de crear un buen ambiente externo para su propio desarrollo y prosperidad, la iniciativa también revela el sentido de responsabilidad de China y su intención de buscar beneficios para todos y a largo plazo.

Desarrollar el proyecto de “Una Franja y Una Ruta” como está previsto depende del aprendizaje y la capacidad de perfeccionarse de los diversos departamentos gubernamentales, empresas y organizaciones sociales de China y de otros países. No es de extrañar que encontremos dificultades y desafíos. Pero, de todas formas, esa propuesta es un ensayo útil que ofrece nuevas oportunidades en los continentes asiático, europeo y para todo el mundo.

AM.MX/iggh

*Xiao He es investigador adjunto y doctor del Departamento de Estrategia Internacional del Instituto de Economía y Política del Mundo, anexo a la Academia China de Ciencias Sociales.

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