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Miguel Tirado Rasso

mitirasso@yahoo.com.mx

Ahora que el PRI camina hacia la renovación de su dirigencia, en lo que se podría calificar como el peor momento de su historia, y por las circunstancias que rodean este proceso interno, me vino a la memoria las palabras que, en enero de 1994, el entonces Presidente de la República, Carlos Salinas de Gortari, habría considerado necesario pronunciar para orientar a una élite priista confundida por rumores y señales encontradas respecto a la definición de su candidato presidencial. “No se hagan bolas, habría advertido a gobernadores, funcionarios, senadores, diputados y dirigentes de su partido, hay un solo candidato al que apoyamos todos…”

Y es que, por aquellos tiempos, el candidato presidencial oficial del entonces imbatible PRI, Luis Donaldo Colosio, padecía el juego perverso del jefe nato del tricolor, que no parecía muy decidido a disciplinar a un Manuel Camacho que se sentía traicionado, molesto, inconforme y, aparentemente, resuelto a desafiar la decisión del fiel de la balanza, la que, suponía, debería haber recaído en él.

El fuego amigo y el protagonismo del ex Jefe del Departamento del Distrito Federal, hacían todo por opacar una campaña presidencial que se decía no prendía. En ese contexto, el primer priista del país había tenido que salir a despejar cualquier duda respecto de quién era el candidato tricolor a la presidencia de la República y, así, evitar una riesgosa fractura interna.

Pues resulta que 25 años después y, en una coyuntura totalmente diferente, en la que la disputa es por el cascarón de lo que queda de un PRI venido a menos, sólo faltó la voz de alguien que repitiera lo dicho por el Presidente Salinas, en este proceso para la elección del nuevo dirigente del tricolor. No se hagan bolas, el candidato oficial para presidir al tricolor es Alejandro Moreno, A(m)lito, el gobernador con licencia de Campeche que, además de su trayectoria y sus cualidades, mantiene una muy buena relación con el Jefe del Ejecutivo.

Y ¿quién decidió que el campechano fuera el bueno, ante la orfandad que vive el Revolucionario Institucional? Pues seguramente la otrora mafia del poder en contubernio con ya sabes quién. Y, es que, los acuerdos en política, en la mayoría de las ocasiones, tienen como eje intereses no muy claros para los mortales de a pie, pero que convienen mucho para ciertos fines de la gobernanza.

Para quienes tengan duda de lo anterior, sólo habría que recordarles que, hace poco menos de un mes, todavía fuera de los tiempos legales del proceso interno para la sucesión de la dirigencia del tricolor, 11 de los doce gobernadores priistas se reunieron en Toluca, Edomex, con cualquier pretexto, pero en donde todos habrían coincidido en apoyar el proyecto del todavía gobernador de Campeche para dirigir al PRI.

La confabulación de gobernadores podría haberse realizado en cualquiera de sus entidades, con lo que la línea hubiera sido más discreto, pero para no correr riesgos y evitar que alguno se mareara o dudara de dónde venía el mensaje, escogieron como sede el Estado de México, el terruño del ex presidente Peña Nieto. Al buen entendedor, pocas palabras.

Todavía, para los de cabeza dura o rebeldes al viejo estilo de la línea, la semana pasada, el gobernador mexiquense, Alfredo del Mazo, enviaba un mensaje, tras un encuentro con el presidente Andrés Manuel López Obrador, en Palacio Nacional, exhortando a los aspirantes a la dirigencia del PRI a procurar la unidad del partido y no dividirlo y hacer a un lado sus intereses personales o de grupo. La intención era competir con un candidato de unidad, lo que resultaba difícil ante la evidencia de un candidato oficial.

Al Dr. José Narro le quisieron aplicar la fórmula utilizada para la candidatura presidencial con José Meade. Un candidato impecable, de gran trayectoria profesional, no muy identificado con el PRI, al menos no con sus mañas, que recobrara la confianza de la militancia en el partidazo. Un personaje que, trabajando mucho, podría haber iniciado la refundación de un PRI necesitado de nuevos aires.

Pero si alguien lo pensó así y convenció al Dr. Narro, pronto se estrellaron con otros intereses que prefieren un PRI a modo, como el que ha estado operando en estos primeros seis meses de gobierno morenista. Un tricolor acrítico, pasivo, que no tenga propuestas, que no se oponga a las iniciativas morenistas, que apoye con su voto, aun lo que suponga destruir lo construido durante el sexenio pasado. Un partido que no cuestione, demande o reclame. Una institución cómoda que se sume y no se oponga. Y si creen que su sumisión les va a redituar algo de poder político, están equivocados, porque siempre flotará en el aire la amenaza, aunque muy remota, de otro resurgimiento y, los que están, llegaron para quedarse.

Bien por el Dr. José Narro, ante la evidencia del nuevo proyecto de partido, no quedaba más que renunciar.

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