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Miguel Tirado Rasso
mitirasso@yahoo.com.mx

El Partido Revolucionario Institucional (PRI) elegirá a una nueva dirigencia en agosto de este año, para un período de cuatro años, en el mejor de los casos. Y es que, el antecedente y lo que vive actualmente el tricolor, podría calificarse como el peor momento de su historia en la que perdió la guerra y la mayoría de las batallas, que lo dejaron postrado, huérfano y con escasas ilusiones.

El tricolor ha mostrado una considerable inestabilidad en cuanto a la permanencia de sus dirigentes al frente del timón. En los últimos 30 años, sólo dos personajes cumplieron con su período estatutario de cuatro años, o casi: Luis Donaldo Colosio (1988-1992) y Beatriz Paredes (2007-2011). En el resto de los casos, lo que ha imperado es una gran movilidad que se entiende en un puesto esencialmente político, en el que lo último que se espera es que hagan huesos viejos en el cargo, pero caer en el otro extremo, tampoco parece muy recomendable.

De 1988 a la fecha, este partido ha tenido poco más de 20 presidentes nacionales. Curiosamente, las dos grandes derrotas electorales del Revolucionario Institucional, en 2000 y en 2018, fueron precedidas por múltiples cambios en su dirigencia. Durante la presidencia de Ernesto Zedillo, la época de la supuesta sana distancia entre gobierno y partido que declarara el Jefe del Ejecutivo, el PRI tuvo 6 dirigentes, que no pudieron o no supieron interpretar la voluntad presidencial, dando paso a la primera alternancia en 70 años, que llevó al PAN a Los Pinos.

Doce años después, vendría una segunda alternancia, al recuperar el PRI la presidencia del país, con grandes expectativas que, conforme fue avanzando el sexenio, se fueron perdiendo. Durante el gobierno de Enrique Peña Nieto, el partido en el poder tuvo cinco cambios de dirigentes. Algunos ajenos y sin mayor experiencia, además de fuego amigo generado para frustrar la labor de quien no pertenecía al círculo íntimo, podrían explicar, en parte, el fracaso que dio lugar a la tercera alternancia, que ahora vivimos con Morena y su fundador.

Acostumbrado al poder y a operar bajo el manto protector y la brújula de su jefe nato, el presidente de la República, el tricolor no encuentra su ubicación en un escenario en el que ha quedado relegado y muy lejos del poder. Para colmo, a esto suma la decepción de militantes y sociedad que mucho esperaban de un PRI que sí sabía gobernar o, al menos, eso se creía, y que por eso el electorado le había dado una segunda oportunidad. Pero falló, y el desencanto le cobró la factura.

No está muy clara cuál es, actualmente, la situación de este partido a nivel nacional. Sin discusión, es o era el único instituto con infraestructura nacional. Hasta en los poblados más pequeños y alejados, existía un espíritu priista. Algo que ahora Morena busca sustituir y que el Presidente Andrés Manuel López Obrador, con sus permanentes recorridos por el país, está cultivando. Podríamos suponer que todavía hay PRI en el país y que un partido con casi 90 años de existencia y poco menos de 80 en el poder no puede desaparecer de la noche a la mañana.

Algo que afecta a este partido, es la falta de figuras de prestigio y sin compromisos, además de adolecer de una unidad muy cuestionada y condicionada entre sus personajes prominentes. A pesar de la crítica situación por la que atraviesa, no parece que haya conciencia de esto en los niveles influyentes que buscan el control del partido para fines particulares, sin importar que eso ha sido, precisamente, la causa que lo ha llevado casi a su desaparición.

El PRI busca ahora a un candidato que pueda encabezar el trabajo de reconstrucción, renovación o refundación. Hay varios que han alzado la mano, pero que no suman lo suficiente para lleva a cabo semejante tarea. El riesgo es que, ante la falta de cuadros nuevos, que den confianza, respeto, prestigio y unidad, todo quede en los círculos tradicionales. Por ahí se menciona al Dr. José Narro, sin carrera partidista, que tal vez lejos de que eso sea un defecto, pudiera ser algo positivo para darle frescura y otra visión al partido, que mucho lo necesita.

Febrero 14 de 2019

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