Reconozco que me gusta contemplar, en el fondo es mi ocupación natural, olvidarme de mí mismo, perderme por los horizontes celestes y reencontrarme por los abecedarios de la escucha.
Me nace el deseo de paralizar los temores y peligros para promover otros sueños, como puede ser el de unir las voces para entonar un pentagrama esperanzador nuevo.