Stephen King convierte a sus pueblos ficticios en metáforas sociales, donde el aislamiento, los secretos y el fanatismo revelan que la verdadera amenaza nace dentro de comunidades aparentemente tranquilas.
Stephen King explora la infancia como un territorio marcado por la pérdida de la inocencia, el bullying y la amistad, mostrando cómo el horror se mezcla con la fragilidad humana en historias que trascienden el género del terror.
Por José Cruz Delgado
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