Esta enfermedad -que podría ir en aumento por la alta esperanza de vida– suele definírsele como un trastorno neurodegenerativo progresivo que afecta al cerebro y, conforme avanza, tiene efectos adversos sobre la memoria y, en general, para realizar de manera normal actividades cotidianas.
Esta iniciativa surgió en 2003 por la Asociación Internacional para la Prevención del Suicidio (IASP), con el respaldo de la Organización Mundial de la Salud (OMS), con el objetivo de visibilizar esta problemática, reducir el estigma y promover acciones preventivas basadas en evidencia.