Reducir la jornada laboral no es solo una operación matemática. No se trata únicamente de pasar de 48 a 40 horas semanales en el papel. El sentido histórico de esta lucha (desde la consigna de las ocho horas) fue siempre limitar el desgaste, no concentrarlo. Fue poner un límite al tiempo que el trabajo le arrebata a la vida.
La población ocupada en México trabaja en promedio más de 41 horas semanales, de acuerdo con la ENOE del INEGI. La NOM-035-STPS-2018 obliga a los centros de trabajo a identificar y prevenir factores de riesgo psicosocial, reconociendo que el estrés y la sobrecarga laboral impactan directamente en la salud mental, el desempeño y la productividad.
La jornada laboral se reducirá dos horas por año para que en 2030 se concreten las 40 horas; durante el 2026 iniciaría el periodo de transición y en enero 2027 inicia la primera disminución. Se creará un registro electrónico de la jornada laboral, que permitirá que efectivamente se cumpla con las horas de trabajo ordinarias y extraordinarias. Este miércoles se enviará el proyecto de reforma al Senado de la República con miras a que se discuta el próximo año
“Todavía no presentamos la iniciativa porque hemos buscado que haya acuerdo entre el sector empresarial, los empresarios de México, los empleadores y las representaciones de los trabajadores”, enfatizó.
La reducción de la jornada laboral no solo representa un cambio administrativo, implica modificar un esquema que México arrastra desde hace décadas, puesto que el país se mantiene entre los que más horas trabaja al año dentro de la OCDE, y aun así, esa dedicación no siempre se traduce en mejores salarios ni en una mayor calidad de vida.