CIUDAD DEL CABO.- Coral Hart vive en Ciudad del Cabo y escribe novelas románticas desde hace años. Publicó con Harlequin y Mills & Boon, trabajó bajo cinco seudónimos diferentes y producía entre diez y doce libros al año.
En febrero de 2025 empezó un experimento: usar inteligencia artificial para acelerar la producción. Durante los siguientes ocho meses creó 21 seudónimos nuevos y publicó más de 200 títulos en subgéneros que van desde el dark mafia romance hasta historias juveniles, todos autopublicados en Amazon.
De acuerdo con el New Yok Time, ninguna fue un blockbuster enorme, pero colectivamente vendieron alrededor de 50.000 copias, generando ingresos de seis cifras. Aunque hay quienes señalan que el negocio más rentable de Hart podría ser otro: su empresa de coaching Plot Prose, donde más de 1.600 personas han pagado por aprender a producir novelas con IA.
Es imposible medir cuántas novelas románticas se producen con inteligencia artificial. Muchas autoras y autores no revelan que usan chatbots, por miedo a alienar a las lectoras. Una encuesta de más de 1.200 autores en todos los géneros mostró que aproximadamente un tercio estaban usando IA generativa para trazar, esquematizar o escribir, y la mayoría dijo que no revelaba su uso de IA a las lectoras.
Según K-lytics (firma especializada en análisis del mercado Kindle) varias categorías de ficción registraron un crecimiento abrupto de títulos nuevos por mes desde la irrupción de herramientas como ChatGPT. Entre mayo de 2020 y mayo de 2025, los títulos mensuales de contemporary romance se duplicaron (de 2.000 a 4.000), los de ciencia ficción se triplicaron (de 2.000 a 6.000) y los de thriller se quintuplicaron (de 1.000 a 5.000).
Quienes usan la tecnología reconocen sus limitaciones para escribir intimidad. Hart describe cómo los chatbots saltan al clímax narrativo, eliminan la tensión y recurren a vocabulario repetitivo. Para contrarrestarlo, compila lo que llama ick list y alimenta al chatbot con instrucciones detalladas sobre locaciones, fetiches y arcos emocionales. Claude, el modelo de Anthropic, le resultó el más versátil en prosa, aunque necesitó instrucciones explícitas para superar lo que Hart llama su “puritanismo” en escenas eróticas.
El ángulo legal añade una capa adicional. En 2025, la Oficina de Copyright de Estados Unidos advirtió sobre el riesgo de dilución de mercado causada por contenido generado con IA. En los fallos emitidos hasta ahora, hay señales de que los jueces podrían considerar que el entrenamiento de modelos con obras protegidas no constituye fair use, precisamente por el daño al mercado de los autores originales. Demostrar ese daño, sin embargo, es difícil: Amazon no etiqueta los libros generados con IA, el volumen de actividad es difícil de medir y los efectos sobre las ventas de autores humanos son complejos de cuantificar.
La pregunta que permanece abierta no es si la IA puede producir novelas románticas técnicamente publicables (ya lo hace), sino si las lectoras seguirán pagando por ellas cuando sepan su origen, y si el volumen de producción automatizada terminará colapsando el mercado por exceso de oferta antes de que la calidad mejore lo suficiente para volverse indistinguible de la escritura humana
AM.MX/fm
