“Rechazo masivo a la corrupción en Ucrania”: Volómir Zelenski

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Luis Alberto García / Moscú

*Es un fenómeno social preocupante que frena a la nación.

*No sorprendió que fuese el vencedor de los comicios ucranianos.

*“Servidor del Pueblo”, su partido, debe organizarse cuanto antes.

*Yulia Timoshenko, su otra rival, renunció a ser Primera Ministra.

*El anhelo es conseguir la normalización democrática del país.

En las elecciones presidenciales del domingo 21 de abril de 2019, los ucranianos decidieron colocar civilizadamente en la jefatura del Estado a Volodímir Zelenski, un popular comediante, cómico, payaso y actor sin experiencia política y con un programa desconocido en numerosos aspectos.

Se trata, como lo dijo el vencedor, de una expresión de “rechazo masivo a la corrupción en Ucrania” que detiene el desarrollo de un país que, además, vive una complicada situación interna, con parte de su territorio controlado por milicias armadas prorrusas y la península de Crimea anexada en marzo de 2014 por Rusia.

Con más del 70% de los votos a su favor, Zelenski logró la mayor victoria electoral en la historia de Ucrania independiente y, sobre todo, ha creado una gran expectativa en torno a la regeneración que necesitan las instituciones del país.

El presidente saliente y perdedor, Petró Poroshenko, no ha logrado imponer su estrategia de convencer al electorado de que la inexperiencia de Zelenski podía ser un riesgo para una nación en graves dificultades.

Todo lo contrario: los votantes han rechazado el discurso del miedo y respaldado un deseo de cambio que mejore su nivel de vida, aunque sea adentrándose en un futuro plagado de incógnitas para dejar atrás la corrupción, la guerra y las penurias que caracterizaron los cinco años de Poroshenko que han sido una cuesta imposible de remontar.

El respaldo en las urnas no va a hacer que el nuevo presidente tenga las cosas fáciles para cambiar las cosas, puesto que, por un lado, sus poderes están limitados por un Parlamento en el que no cuenta con ningún apoyo.

La formación de Zelenski, denominada “Servidor del Pueblo”, es un partido simbólico que tendrá que organizarse rápidamente para poder competir en los comicios legislativos previstos para el próximo octubre o noviembre.

Por otra parte, el presidente Zelensky no tardará en descubrir que es mucho más fácil denunciar la corrupción institucionalizada, que adoptar medidas efectivas que luchen contra ella, enfrentándose si es preciso a la poderosa oligarquía local, y que esto último es una exigencia urgente de la ciudadanía que ha votado por él.

Es de destacar la reiterada posición de Zelenski de renunciar en principio a la vía militar apostando por la negociación para recuperar el territorio de Ucrania en manos de los separatistas apoyados por Moscú y de considerar que la recuperación de Crimea es un asunto estratégico a largo plazo.

A pesar de su nula experiencia, el vencedor del 21 de abril de 2019 demuestra así una actitud fría ante dos asuntos en los que sería fácil prender la llama populista utilizada por otros regímenes políticos; pero hay quienes prefieren ver que la victoria de Zelenski responde más al anhelo de conseguir la normalización democrática en Ucrania que al revanchismo, y eso es siempre una buena noticia.

En la historia de este episodio político destaca lo que habían anticipado diversos sondeos de intención de voto, con un triunfo tan previsible que la única sorpresa hubiera sido que ganara Poroshenko, tomando en cuenta que la primera vuelta de votación demostró que la mayoría de los habitantes de la nación eslava con derecho a acudir a las urnas, estaba decepcionada de la clase política, cuyo desempeño asociado con medidas económicas draconianas fue determinante.

Tres semanas después de esa primera vuelta, el electorado reiteró su confianza en el comediante sin experiencia en la conducción del Estado, con el 73% de los sufragios a su favor, quien se impuso con los votos de los perdedores del proceso inicial, mientras Yulia Timoshenko –la tercera mejor votada- no quiso establecer alianzas ni con Zelenski, ni con Poroshenko.

Figura política en el pasado inmediato, caracterizada por su cabello rubio coronado por una trenza que le rodea la cabeza, Yulia Timoshenko rechazó la oferta de ambos de ser Primera Ministra de un proyecto de gobierno orientado más hacia Bruselas que a Moscú, en un fenómeno enmarcado en el enfrentamiento en las urnas de dos propuestas antagónicas.

Éstas se basaron en características religiosas, étnicas e idiomáticas que hacen que convivan dos países en uno: la Ucrania occidental y la oriental que, en una parte de las regiones de Donetsk y Lugansk, colindante con Rusia, ya llevaba más de trece mil muertos en un conflicto bélico separatista de difícil solución.

Desde la anexión de Crimea a Rusia en marzo de 2014, en las regiones orientales catalogadas como pro rusas se produjo una clara dicotomía entre los votantes de Zelenski en lo que se refiere a cuestiones clave, como la actitud hacia el gobierno de Vladímir Putin, la intención de reforzar las relaciones con la UE o la posibilidad de ingresar a la OTAN.

Mucho dependerá de lo que haga el cómico-comediante en los primeros meses de su gobierno para convencer a los que dudan de que representa una verdadera y efectiva alternativa política, calificándolo de producto mediático y no como la solución que la estratégica Ucrania representa en una región históricamente explosiva.

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