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Jorge Herrera Valenzuela

“Éramos muchos y parió la abuela”. Quienes ejercemos el diarismo periodístico impreso, radiofónico, televisivo y/o digital, lo hacemos por vocación, apasionadamente, cumpliendo ante el público que nos lee en los periódicos, nos escucha en la radio, nos ve y oye en la televisión, así como nos visita en los diarios digitales. En los últimos años del siglo pasado comenzaron a ser invitados determinados personajes como articulistas, luego políticos y funcionarios públicos tuvieron un espacio en los diarios, los publicistas se convirtieron en “comentaristas”. Todos hoy se dicen periodistas. Desde 1956 presumo orgullosamente ser reportero.

Los  que fueron mis compañeros en la aventura del oficio o de la profesión más apasionada, el diarismo, rama del periodismo, se entregaron a la tarea de servir con rectitud, con honestidad, con profesionalismo. Precisamente en la segunda mitad del Siglo XIX, cuando concluía la Vieja Guardia en las redacciones de los diarios del Distrito Federal, varios con circulación nacional, principió el arribo de jóvenes que estudiaban periodismo en la Escuela Nacional de Ciencias Políticas, UNAM, en la Escuela de Periodismo Carlos Septién García, en la Universidad de Veracruzana. Muchos de esa generación escalaron desde “ayudante de redacción” hasta reportero, otros entramos a las redacciones porque sentíamos que era nuestro destino profesional.

No escribo en tono de recuerdo, sino para afirmar que desde ayer los reporteros mexicanos estamos indignados porque un sujeto que sin méritos fue colocado como director del diario “La Prensa”, quedó desenmascarado como ladrón. Ese individuo aprovechó su posición para obtener un gafete que le permitiera facilidades para llegar hasta los vestidores de los jugadores y robar artículos deportivos, playeras de los triunfadores, sin advertir que las cámaras de video lo estaban grabando. Lo hizo en 2015 y en este 2017 durante los juegos de Superbowl.

Martín Mauricio Ortega Camberos es el nombre del “periodista” que se cobijaba en un diario mexicano, de larga historia, de muchos éxitos periodísticos, forjador de ameritados reporteros, varios de ellos destacaron como funcionarios federales. No conozco que haya tenido trayectoria como reportero. Supe que estudió periodismo en la UNAM. Las incursiones de este ladrón en los vestidores de los estadios donde se celebraron los Superbowls 49, 50 y 51, estuvieron premeditadas. “Mauricio Ortega”, como se le conoce al hampón, en las tres ocasiones no acudió como reportero, porque no lo era, ni sus jefes (de la Organización Editorial Mexicana, la OEM) sabían de las pillerías cometidas por el director de La Prensa, situación  que pone por los suelos a quienes amamos esta profesión y que fuimos socios de la Editora de Periódicos, Sociedad Cooperativa Limitada, La Prensa.

Los agentes de la Agencia Federal de Investigaciones (FBI) se encargaron de seguir las pistas y cuando resolvieron la incógnita, presumiendo conocer el paradero del delincuente Ortega Camberos, solicitaron la colaboración de la Procuraduría General de la República. Vinieron a México y llegaron hasta el domicilio del ratero, en el municipio de Ecatepec, Estado de México. Obtuvieron una orden judicial y en el cateo encontraron las dos playeras de Tom Brady, el quarterback de los Patriotas de Nueva Inglaterra, así como un casco y los zapatos de Von Miller, jugador de los Raiders de Oakland. Iban por un artículo y encontraron más.

El cateo ocurrió el domingo 12 de este mes y dos días después el cínico Mauricio Ortega presentó su renuncia “por motivos personales” y desapareció. Se informó que no lo detuvieron “porque no hay denuncia en su contra”. Otra versión es que los agentes de la FBI dijeron que ellos solo tenían orden de recuperar el jersey número 12, que Tom Brady dejó en su mochila, en los vestidores del estadio NGR, en Houston, Texas. Sin embargo Art Acevedo, jefe policíaco en Houston, dijo que Mauricio puede ser acusado del delito federal “traslado de bienes robados a través de líneas estatales”, cuya pena es de hasta 99 años de prisión y multa de diez mil dólares.

Los directivos de la Liga Nacional de Fútbol (NFL) y Bob Kraft, dueño del equipo Nueva Inglaterra, seguramente presentarán la denuncia formal y corresponderá a la procuraduría federal iniciar la averiguación y procederá a solicitar la detención del ladrón, con vías de extradición. La acusación será fundamentada jurídicamente con el video donde aparece el falso periodista mexicano, al huir con el jersey de Brady, video que ya es conocido mundialmente, amén de que es oro molido para el presidente de Estados Unidos, amigo personal del único jugador de futbol americano que tiene cinco anillos, por cinco triunfos en Superbowls.

Golpe duro que moralmente nos afectó a los supervivientes de la época de oro de La Prensa, en los años sesenta, cuando el diario fue dirigido por mi querido compadre Manuel Buendía. Ahí en la redacción donde compartí felices días con Mario Santoscoy, con mi compadre Félix Fuentes, con mi hoy director Miguel Ángel Rivera Paz y con el fraternal trío de Luis Muñoz, Carlos Canchola y Arturo García, que sigue reuniéndose y me invitan a compartir el desayuno, como lo hacen desde los años sesenta.

Mauricio Ortega reciba o no el castigo que merece, manchó el historial de uno de los más importantes diarios; desprestigió al gremio periodístico, al cual perteneció administrativamente; los reporteros y cronistas deportivos que vayan a cubrir eventos en el territorio norteamericano, serán objeto de vigilancia especial y tan grave como todo lo demás, es que dio más elementos al presidente republicano para que continúe agrediendo a los mexicanos.

PREGUNTA PARA MEDITAR:

¿Cómo logró colarse Mauricio en el ánimo de Mario Vázquez Raña, que en paz descanse, para que le cediera la dirección de un diario que figuró entre los tres más importantes, el siglo pasado?

jherrerav@live.com.mx

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