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JORGE HERRERA VALENZUELA

Como dice la respetada colega Cristina Pacheco, “Aquí Nos Tocó Vivir” y la completo con el popular refrán, “la beben o la derraman”. Tanto oímos a los actuales aspirantes a candidatos presidenciales decir que son los defensores de la democracia,  que de plano ya no entendemos que es lo que ellos desean, si con sus hechos demuestran que sus acciones nada tienen de democráticas, mucho menos garantizan un futuro progresista en este hermoso México, destruido en los tres sexenios gubernamentales del presente siglo.

La atención sigue centrada en la sucesión presidencial. Nada está escrito y mucho menos clarificado sobre el resultado de la votación, el primero de julio, para conocer a quién corresponderá el honor de ser Presidente de México. Empiezan los movimientos para integrar las listas de los posibles aspirantes a senadores y a diputados federales. Aún no trascienden nombres de los que pretenden las nueve gubernaturas: también serán elegidos más de mil quinientos presidentes municipales y cerca de mil diputados locales.

Es un hecho que las elecciones de julio de 2018 en los tres niveles, sentarán precedentes, harán historia, sucederán hechos inéditos. Hace 107 años dio comienzo un movimiento político con la bandera de “Sufragio Efectivo, No Reelección” y el abanderado que derrocó al dictador Porfirio Díaz, le conocimos como “El Apóstol de la Democracia”. El lema que sirvió, durante muchas décadas, como rúbrica de los escritos oficiales, se borró desde hace tiempo con la reelección de presidentes municipales, ¡ah!, pero no lo hicieron en forma consecutiva, sino espaciada. Pronto senadores y diputados federales estarán buscando mantenerse por más del tiempo límite de seis años los primeros y de tres, los segundos.

Inédito el hecho de que en los dos más antiguos partidos políticos, el PAN (1939) y el PRI (1946), los aspirantes presidenciales resultaron de “un dedazo” y de “una autoimposición”. El Presidente Enrique Peña Nieto determinó que el PRI postulará a un simpatizante, no militante, sin previo consenso de los priistas. El PAN debe de aceptar que su último presidente nacional, respaldado por el PRD y un llamado Movimiento Ciudadano, sea el abanderado de una coalición que es mezcla de chile, de dulce y de manteca.

Por ahora, ya están en la pasarela política tres nombres: José Antonio Meade Kuribreña, panista-priista, sin antecedente alguno en luchas electorales y se dice que Peña Nieto lo impuso, Luis Videgaray Caso lo dirige y carlos salinas de gortari lo aplaude. Se asegura, en el medio político, que Meade cuenta con el voto a pesar de ser postulado por el tricolor. El candidato debe realizar una campaña sin hacer promesas, sino de presentar un programa con  fórmulas de soluciones reales.

Ricardo Anaya Cortés, impulsado en su carrera por el chihuahuense Gustavo Enrique Madero Muñoz, tomó obsesionadamente el camino hacia su autodestape como aspirante a la Presidencia de la República, sin importarle la unidad partidista e hizo pacto con la supuesta izquierda mexicana (PRD) y con Dante Delgado Rannauro, el expriista dueño del Movimiento Convenenciero (MC), integrando un “frente” al cual le han puesto tres diferentes denominaciones.

El tercero es el hombre que en el año 2000 pudo ser un verdadero líder político, pero al estar en la jefatura de Gobierno del Distrito Federal, subido en dos ladrillos, simplemente se mareó y comenzó su campaña para ser Presidente de México. Tras su segundo fracaso, Andrés Manuel López Obrador decidió formar su propio partido, donde solo su voz y su voto, valen. MORENA, Movimiento de Regeneración Nacional, es un partido donde no se practica la democracia, porque López Obrador se autodestapó, sin permitirles participar a sus correligionarios, haciendo lo mismo con la candidata a la jefatura del Gobierno de la Ciudad de México.

Lo insólito es que Andrés Manuel tiene como aliado al Partido del Trabajo, el PT. Este es un negocio patrocinado por Raúl Salinas de Gortari, quien apoya y mantiene a Alberto Anaya Gutiérrez, presidente de ese partido desde 1990; el aguascalentese es inamovible en el real mando nacional, por el respaldo que recibe del salinismo. Recién se descubrió que el PT es un negocio redituable, andan volando por ahí 100 millones de pesos. El tabasqueño declaró, que es parte de la campaña en su contra.

PREGUNTA PARA MEDITAR:

¿Aceptarán los verdaderos y auténticos PANistas que su respetado partido no tenga la fuerza suficiente para triunfar, sin necesidad de coaligarse con otros de ideologías y principios opuestos a los de ellos?

jherrerav@live.com.mx

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