● El Tratado de 1944 y la coordinación CILA–IBWC vuelven al centro de la conversación la “deuda de agua” y la urgencia de decisiones bilaterales sustentadas en datos, medición de cuencas y coordinación institucional.
● Especialistas de Arizona State University y la Universidad Autónoma de Baja California proponen la coordinación y el diálogo para entender cómo la gestión compartida mejora la calidad y disponibilidad del agua en la frontera.
BAJA CALIFORNIA.- A lo largo de los 3,143 kilómetros de frontera entre Estados Unidos y México el agua define territorio, economía y vida cotidiana. En esa franja el Río Bravo o Río Grande abarca el 64% (2,018 km), la frontera terrestre representa el 34% (1,085 km) y el Río Colorado 2% (39 km).
Tras una primera etapa guiada por la Doctrina Harmon en el siglo XIX, la gestión compartida del agua avanzó con hitos como el Tratado de Guadalupe Hidalgo, la Comision Internacional de Limites de 1889, y más tarde el Tratado de 1944, que redefinió el manejo de los ríos transfronterizos y consolidó la coordinación mediante la Comisión Internacional de Límites y Aguas (CILA) y la International Boundary & Water Commission (IBWC).
Con ese punto de partida, el Dr. Rhett Larson, Richard Morrison Professor of Water Law de Arizona State University (ASU), y la Dra. Eliana Rodríguez, Profesora e Investigadora de la Universidad Autónoma de Baja California (UABC), retoman la evolución del acuerdo que guía la cooperación hídrica bilateral y afirman que la gestión compartida depende del diálogo basado en evidencia técnica, científica y la coordinación institucional.
El agua en la frontera sostiene la vida cotidiana y habilita el crecimiento económico regional. Su disponibilidad, calidad y el saneamiento resultan decisivos para la calidad de vida de las comunidades y la operación de sectores estratégicos como manufactura, agricultura, centros de datos y tecnología avanzada, que requieren grandes volúmenes y altos estándares. En este contexto, se planteó el valor de sistemas industriales más eficientes, así como el papel estratégico de las aguas residuales para reciclaje y recarga de acuíferos.
En el punto de encuentro entre bienestar, competitividad e innovación, la gestión hídrica se vuelve un eje de coordinación binacional. El Convergence Lab “Parteaguas: la gestión del agua de los ríos fronterizos entre Estados Unidos y México” abre la conversación acerca de las tres cuencas transfronterizas que marcan el pulso hídrico regional: Río Bravo o Río Grande, Río Colorado y Río Tijuana.
El Dr. Larson y la Dra. Rodríguez abordan la idea de la llamada “deuda de agua” y la preocupación creciente por la disponibilidad del recurso y sus efectos en comunidades, actividades productivas y ecosistemas a lo largo de la frontera. En este marco, destacan que el Tratado de Aguas de 1944 establece reglas para administrar ríos compartidos y fija cuotas verificables: México aporta a EE.UU. un promedio de 431,718,000m³ al año contabilizado en ciclos de cinco años (2,158,590,000 por ciclo) y EE.UU. entrega a México 185,022,000m³ al año.
Bajo esa lógica los especialistas afirman que las decisiones bilaterales se fortalecen cuando parten de mediciones, seguimiento técnico y mecanismos de coordinación con datos e información que permite convertir acuerdos en acciones. La Dra Eliana Rodríguez comentó: “la gestión de estos ríos implica cooperación, confianza y una visión compartida de futuro”.
Por su parte el Dr. Rhett Larson afirmó “La gestión del agua en la frontera avanza cuando se construyen puentes entre conocimiento, instituciones y comunidades, con acuerdos que se traducen en resultados medibles y adaptados a las condiciones de cada cuenca. El agua es memoria, territorio, vínculo y responsabilidad compartida, y cada gota cuenta”
Sobre la calidad del agua, se pone al Río Tijuana como una prioridad para ambos países por su impacto en la salud y en los ecosistemas. Se propone una forma de trabajo más colaborativa que reúne a gobierno, academia y organizaciones civiles, y se plantea la desalinización como una opción para aumentar la disponibilidad de agua, ligada a una mejor planeación de infraestructura, integración con energías renovables y el tratamiento de aguas residuales.
Convergence Lab es un proyecto de Arizona State University que desde 2017 conecta a la universidad con audiencias en México para explorar temas de interés mutuo mediante una serie de eventos públicos y periodismo de ideas. Promueve conversaciones, articula perspectivas de ambos países y habilita una agenda binacional orientada a soluciones prácticas. En alianza con instituciones como la Universidad Autónoma de Baja California, impulsa un diálogo para construir un futuro hídrico más justo y resiliente. Para más información visita: mexico.asu.edu/portfolio/convergence-lab-cdmx
AM.MX/fm
