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Luis Alberto García / Petropávlosk-Kamchatki

* Tres ciudades importantes para muy poca población.
* El resto son aldeas pequeñas y granjas de crianza de renos.
* Sobreviven los koryaks de Pyrkanay, Enmelen, Kivak y Naukan.
* Cruzaron por el estrecho de Bering para llegar y poblar América.
* La capital de Kamchatka fue fundada por un marinero danés.
* Ocurrió en 1740 y lleva los nombres de San Pedro y San Pablo.

Un mínimo y al mismo tiempo gran detalle de la península de Kamchatka es que solamente tiene tres ciudades importantes para un territorio casi tan grande como Italia, el Reino Unido e Irlanda del Norte, Ecuador o Nueva Zelanda, cuyo número total de habitantes apenas supera los 300 mil.

Las tres cuartas partes viven en Petropavlovsk y los demás en Elizovo y Vilyuchinsk, esta última cerrada a los extranjeros por albergar la instalaciones atómicas de la Marina rusa, así como la antigua base de submarinos nucleares; pero el resto son pequeñas aldeas, granjas modestas de crianza de renos y asentamientos de los koryaks, pobladores originarios de la península.

Estos y los itelmens son los nativos históricos de Kamchatka, y si bien la mayor parte de su población es de origen ruso, aún sobreviven los korkyaks, relacionados genéticamente con los chukchis de Pyrkanay, Enmelen, Kivak y Naukan, comunidades costeras vecinas del estrecho de Bering.

Los primeros, dedicados al pastoreo de renos, son nómadas y viajan centenares de kilómetros con sus animales, de los que dependen por completo, en tanto los itelmens o itelmenos, en cambio, suelen estar más en zonas costeras y viven de la caza de morsas, nutrias marinas, focas y pescado.

Buena parte de su actividad económica se encuentra en el mar y a esos habitantes se les suele ver en el área de Petropávlovsk-Kamchatki y en la bahía de Avacha, especulándose que los koryaks pudieron haber cruzado a América cuando se congelaban las aguas del estrecho de Bering, además de que la distancia a las islas Aleutianas –hoy pertenecientes a Alaska- es mínima.

Las similitudes de las tradiciones de los pueblos del Oriente de Rusia con los nativos de Norteamérica hacen reflexionar sobre una relación más próxima de lo que se piensa, igual que los fenotipos faciales y los ojos rasgados como los indígenas mayas, incas, araucanos chilenos y de otras etnias americanas.

Siguiendo con los temas históricos, ¿cuántos rusos sabrán que la capital de Kamchatka fue fundada por un diminuto y tímido marinero de Dinamarca que tuvo el tino se acercarse al zar Pedro Románov para explorar la posibilidad de descubrir nuevas tierras y mares para la corona imperial?

Vitus Bering, a quien se debe el nombre del famoso estrecho que, con cien kilómetros entre una orilla y otra separa Asia de América, fue un marino danés –puesto al servicio de Pedro el Grande- quien, en 1725, elaboró mapas cartográficos y exploró el Norte y el extremo oriental de Rusia.

Localizó y pasó varios años entre Kamchatka y la bahía de Anádyr, avistó las islas Aleutianas, las Pribiloff y las Comandante, y regresaría en 1740 a la península para encargarse de fundar Petropávlovsk -en la bahía de Avacha-, con el fin de tener una base para poder zarpar hacia el continente americano.

Tomó el nombre de las dos embarcaciones –los apóstoles Pedro y Pablo-. utilizadas para sus expediciones, bautizar con ambos la capital de Kamchatka y llegar en 1741 a Alaska para morir el mismo año en una isla solitaria; pero Vitus Bering tuvo el privilegio de ser el primer europeo en alcanzar las costas americanas llegando desde el Occidente.

Alaska sería rusa hasta que fue vendida a los estadounidenses en 1867 por un precio irrisorio –siete millones 250 mil dólares-, en un hecho histórico que se consideró el peor negocio que hubiesen hecho los estadunidenses aunque, ya entonces, Petropávlovsk gozaba de una envidiable importancia política y geográfica.

Existe la falsa idea de que una extravagancia gastronómica rusa procede del mar Caspio; sin embargo –aseguran los kamchatkiis- su caviar de mejor calidad, y además de barato es una exquisitez que, fuera de su territorio, se convierte en un lujo inalcanzable; pero en la península resulta económica su adquisición.

La razón es que el salmón keta –y no el esturión, exclusivo del Caspio- desova en verano en gran número en estas latitudes septentrionales, y es tan fácil pescarlo que basta con meterse en el agua y utilizar una cubeta, en abundancia tal que se convierte en un alimento de consumo mayor para todos y en máximo capricho cumplido para los turistas.

Los visitantes no deben perderse de ir al Mercado Central de Petropávlovsk para traerse un souvenir envasado de tan alta cotización en el mundo, menos en Kamchatka, península gigante cuya presencia es fundamental en el Risk, juego de mesa que aquí se practica jubilosamente.

Es curioso cómo los aficionados a ese juego de estrategia llamado así, donde se invaden países con los dados, siempre vean a Kamchatka como un espacio clave, fronterizo con tres territorios de Asia, que además permite cruzar a América por el estrecho de Bering, por lo que invadirlo o resistir forma parte de esas discusiones entre amigos.

Esa es la llave que tiene que ver con la película hispano-argentina dirigida en 2002 por Marcelo Piñeyro, protagonizada por los actores Ricardo Darín y Cecilia Roth, que nada tiene que ver con Rusia, puesto que la trama se desarrolla por completo en Argentina durante el tiempo de la dictadura militar –necrofílica y criminal por decir poco- que encabezó Jorge Rafael Videla entre 1976 y 1983.

Se trata de un país imaginario que le sirve a una familia para escapar de una realidad opresiva, y es que para el protagonista, “Kamchatka es el lugar ideal para esconderse y resistir”, haciendo una película recomendable por muchas razones; pero que nada tiene que ver, salvo en el nombre, con esta provincia rusa que debe ser motivo de un viaje fantástico, al menos una vez en la vida.

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