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CIUDAD DE MÉXICO, 12 de octubre (AlmomentoMX).- Descalificación, tortura, amenaza, mentira, ocultamiento de información y desaparición son herramientas favoritas del Estado para debilitar los movimientos sociales en México, afirmó el periodista estadounidense independiente John Gibler, en el Auditorio Incalli Ixcahuicopa de la Unidad Azcapotzalco de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM).
Durante las Jornadas conmemorativas 1968: Medio siglo después, organizadas por el Departamento de Sociología de esa sede académica, el informador –que ha investigado casos de violencia contra la sociedad civil, incluido el caso de los 43 normalistas de la Escuela Normal Rural Raúl Isidro Burgos de Ayotzinapa– denunció que ese tipo de acciones continúa, debido a la impunidad, “que es la principal característica de los abusos de poder”.
En la mesa A cincuenta años del 68: violencia, dominación y resistencia, en la que también participó la reportera Marcela Turati y fue moderada por el doctor Alejandro López Gallegos, docente del Departamento de Sociología, citó como ejemplo de arbitrariedad el uso de la descalificación a través de medios de comunicación, boletines y redes sociales.
Tres meses después de la desaparición de los normalistas de Ayotzinapa comenzó una campaña de desprestigio para difundir una imagen de los jóvenes como vándalos o delincuentes que estaban siempre inmiscuidos en desmanes.
En la ponencia La resistencia frente a las estrategias estatales de la desmemoria, el también escritor abundó que otro artilugio ha sido la tortura que, para completar una narrativa falsa, suele aplicarse a testigos y detenidos mediante la fuerza o la amenaza que los obliga a contar “la mal llamada verdad histórica”.
Cuando aún no había sido emitida una declaración oficial surgieron rumores que favorecían un juicio de la sociedad que no presentaba al gobierno como autoritario, terrorista ni represor.
Por ejemplo, “se inventó que había heroína en los camiones donde viajaban los normalistas, de quienes se decía que eran guerrilleros e incluso se les llegó a asociar al narcotráfico”.
El discurso de las autoridades, sin embargo, nunca pudo ser consistente pues estuvo lleno de falacias y, como sucedió con la matanza de Tlatelolco, el 2 de octubre de 1968, se desconoce el porqué sucedió, quiénes fueron los responsables y dónde se encuentran las víctimas, “pero al menos es importante conocer esos mecanismos para que no puedan repetirlos”, concluyó el autor de Una historia oral de la infamia. Los ataques contra los normalistas de Ayotzinapa.
Turati advirtió que en los últimos diez años “hemos visto a un país bañado de sangre y lleno de victimas a las cuales las autoridades no han sido capaces o no han tenido la voluntad de brindar justicia”, y con las políticas públicas de seguridad los problemas lejos de solucionarse se han incrementado.
“Hay miles de madres, padres, hermanas, hermanos, hijas, hijos que viven en la penumbra de no saber el paradero de sus familiares o el nombre de sus asesinos o secuestradores”.
Si bien en la actualidad se habla de perdón para comenzar de cero, la informadora sentenció que lo que las familias de las víctimas quieren es al menos saber a quién habría que perdonar.
La reportera del semanario Proceso y fundadora de la Red Periodistas de a Pie llamó a no caer en el juego de normalizar la violencia. Por el contrario, “como ciudadanos debemos exigir que se acabe con toda la violencia, pero no sacando al Ejército a las calles”, pues ha quedado demostrado que esa decisión ha resultado contraproducente.
En 2017 se registró el número más elevado de homicidios a nivel nacional con 31 mil 174 (25 por cada 100 mil habitantes), más del doble de los poco más de 14 mil asesinatos reportados en 2008, según datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi).
“Se vive en un estado de terror total, con cuerpos hallados al por mayor en fosas clandestinas, camiones que avanzan de ciudad en ciudad cargando muertos que no han sido identificados y varios periodistas callados y asesinados; tal es la impunidad que incluso las víctimas prefieren encontrar a sus desaparecidos que reclamar justicia porque saben que no la encontrarán”.
AM.MX/fm

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