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Pablo Cabañas Díaz

La figura más importante de la arqueología mexicana durante el Porfiriato fue sin duda Leopoldo Batres, ex militar, coleccionista y comerciante de antigüedades prehispánicas. Al trabajar de 1883 a 1888 en el Museo Nacional; ubicado en la calle Moneda, Batres adquirió la protección del secretario de Instrucción Pública, Justo Sierra y del mismo Porfirio Díaz. Antes de ser nombrado Inspector y Conservador de Monumentos Arqueológicos en 1885.En 1902, Batres publicó un amplio reporte sobre las excavaciones que dirigió en la Calle Escalerillas, en la ciudad de México en 1900. No olvidó a sus prestigiados patrocinadores y les dedicó su libro a Porfirio Díaz, Joaquín Baranda y Ezequiel Chávez.

 

Con la voluntad política de recuperar la arqueología y el pasado prehispánico, arrancaron excavaciones en Teotihuacán dirigidas por Batres entre 1904 y 1910. Era importante que México luciera para los festejos del Centenario de la Independencia. La intervención de Justo Sierra fue decisiva para tener los créditos suficientes para las excavaciones. En fecha reciente menciona Eduardo Matos que “en el mundo de la arqueología mesoamericana escuchamos a veces que don Leopoldo Batres usó dinamita en la excavación que hizo de la Pirámide del Sol en Teotihuacán entre 1905-1910”. Según Matos se le atribuye a don Leopoldo el haber cambiado la fisonomía de la pirámide en uno de sus cuerpos, lo que parece ser cierto si atendemos a lo dicho por Rémy Bastian en su tesis que presentó en la Escuela Nacional de Antropología en 1947, en la que hizo un análisis riguroso de los trabajos realizados por Batres. Dice así Bastian: Es un caso psicológico. El cuarto cuerpo es falso y data de 1905-1906. Llegué a esta conclusión después de estudiarlo desde 1945 y revisarlo minuciosamente. Los trabajadores como el maestro Cipriano, quienes tomaron parte en la exploración de Batres, me proporcionaron valiosos datos en cuanto a los métodos de reconstrucción empleados en la pirámide.

 

A esto habría que agregar que Eduardo Matos  afirma que  Bartres rompió la plataforma en forma de U que rodea a la pirámide con el fin de sacar por ahí el escombro proveniente de la excavación del edificio, además de haber construido sobre esta plataforma el campamento que utilizó durante sus trabajos. Pese a lo anterior, menciona Matos no  hay dato alguno que permita suponer el uso de explosivos para acelerar la excavación del monumento. Además Matos señala que ni el mismo Bastian en el trabajo de referencia plantea cosa tal. Tampoco lo hace Manuel Gamio en La población del Valle de Teotihuacán (1922), ni Ignacio Marquina en su Arquitectura prehispánica (1951), como tampoco Ignacio Bernal en su Historia de la arqueología en México (1979), pese a la severidad con que todos ellos tratan al arqueólogo del porfiriato.

 

Aclarado el asunto, afirma Matos: “quiero comentar que Leopoldo Batres tuvo aciertos importantes en su desempeño como arqueólogo: fundó la Inspección de Monumentos el 8 de octubre de 1885, misma que dirigió durante varios años; promovió la Ley sobre Monumentos Arqueológicos el 11 de marzo de 1907, e intervino en la expropiación de los terrenos de Teotihuacán, lo que fue acordado el 24 de junio de 1907; además, fundó el museo de sitio en ese lugar”.

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