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Pablo Cabañas Díaz
El presidente Enrique Peña Nieto se acerca al ocaso de su administración. Lejos queda el tono triunfalista de su segundo informe de gobierno en el que señaló “si algo nos tiene que quedar muy claro es que este no es el país de antes, este es el México que ya se atrevió a cambiar”. En su mensaje, el presidente aseguró que los cimientos estaban puestos y pidió continuar con el camino para construir un nuevo México. Además, anunció la transformación del programa Oportunidades en el programa Prospera y la construcción del Nuevo Aeropuerto capitalino.
Días después con la desaparición y muerte el 26 de septiembre del 2014  de  los 43 estudiantes de la Escuela Normal Isidro Burgos de Ayotzinapa, Guerrero,  que conmocionó a la sociedad mexicana como no ocurría en años, situando la complicidad del poder político, federal, estatal y municipal, con la violencia del crimen organizado, la corrupción y la impunidad de las instituciones y sus representantes la leyenda “negra” del sexenio estaba escrita.
 Al enojo del caso  Ayotzinapa  se da días después  el descubrimiento de que la esposa del presidente compró  la llamada “Casa Blanca” a una constructora beneficiada con la adjudicación del futuro tren de alta velocidad México-Querétaro, posteriormente cancelada. La tragedia de Iguala pasó a convertirse en crisis nacional —la más grave desde el tequilazo de mediados de los años noventa,— en un contexto de estancamiento económico y promesas incumplidas y la “Casa Blanca” en el símbolo de la corrupción .
La  “Casa Blanca” llevó a Peña Nieto  a un hecho insólito para un presidente mexicano  el 19 de julio de 2016, se disculpó de forma pública por este escándalo. En el evento donde promulgó las leyes del  Sistema Nacional Anticorrupción ,  dijo haber sentido “en carne propia la irritación de los mexicanos”. “La entiendo perfectamente. Por eso, con toda humildad, les pido perdón” estas palabra fueron expresadas s ante miembros del Congreso, gobernadores, organizaciones ciudadanas y parte del gabinete.
En octubre del 2017, el presidente expresó que estaba cansado sobre que a  cualquier cosa que ocurriera en el país se le atribuía a la corrupción. “Si casi casi si hay un choque aquí, en la esquina, fue la corrupción; algo pasó en el semáforo, quién compró el semáforo que no funcionaba… Hemos tenido los ejemplos de socavones”.  El cansancio , la frustración, el hartazgo eran ya  evidentes en las palabras del presidente.
Con esta “estilo de gobernar” la popularidad presidencial llegó a mínimos históricos, los ‘gasolinazos’, los constantes viajes al extranjero acompañado por grandes comitivas, su postura sobre los matrimonios entre personas del mismo sexo, casos como Nochixtlán, Tlatlaya y Ayotzinapa, y hasta el plagio la elaboración de su tesis — ante esta realidad llevó al PRI a una derrota electoral nunca vista. Pero  los “genios” de Los Pinos ante esta debacle construyeron una frase siguiente que resume la forma de ver desde el poder al mexicano de a pie: “Las cosas buenas casi no se cuentan, pero cuentan mucho”.

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