OTRAS INQUISICIONES: La Sala Margolín y Remedios Varo

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Pablo Cabañas Díaz.

La Sala Margolín inició en los años 50 del siglo XX, y llegó hasta el año 2012,  fue un negocio que vendía discos de música clásica  de alta calidad y costosa. Fue Fundada por Walter Gruen, esposo de la pintora Remedios Varo.  El cierre de Sala Margolín fue el resultado de  la era digital, la plataforma Napster  inició en el año 2000. Su tecnología permitía a los aficionados a la música compartir sus colecciones fácilmente con otros usuarios. Después llegó el iPod Classic en el 2001. Con el arribo de los contenidos digitales y su intercambio entre los usuarios,  la debacle comenzó.

 

La mejor época de Margolín fueron los años setenta en las que adquirió prestigio y fama como una tienda en la que podían conseguirse las novedades del momento, así como grabaciones no disponibles en el país o de gran rareza. Lo mismo ocurría con los libros. Fue un punto de encuentro de los ámbitos cultural y político del país. Entre los clientes recurrentes figuraron los premios Nobel de literatura Octavio Paz y Gabriel García Márquez, así como los también escritores Álvaro Mutis, Hugo Gutiérrez Vega , el director Eduardo Mata, los compositores Raúl y Mario Lavista.

 

Aunque la especialidad de Sala Margolín era la música clásica, se abrió a  otros géneros, fueron los primeros  en el país en recibir a la Nueva Trova Cubana, a la canción de protesta y el folclor latinoamericanos, así como géneros populares de Europa y del país. En el libro “Reflejos de Europa en México” (2002), publicado por la Unión Europea y el entonces Consejo Nacional de la Cultura y las Artes (CNCA), Walter relataba: “regresó Remedios Varo de Venezuela y se enteró de la muerte de su amigo. Nació  una amistad que se convirtió en amor. Tuve la suerte de conseguir que Remedios aceptara vivir conmigo y se dedicara únicamente a la pintura.” Así, con esa sencillez, Walter dedicó 11 años a velar por Remedios para que ella pudiera dedicarse a cristalizar su obra. El universo que hoy en día conocemos como “Remedios Varo” muy probablemente no existiría sin su devoción.

 

A la muerte de Remedios Varo de un tajante infarto en brazos de Walter, éste decidió dedicar todos sus esfuerzos a comprar su obra, tuvo la suerte –como él mismo diría– de encontrar en poco tiempo su obra, después tuvo el apoyo de  Alexandra Varsoviano, con quien se casó y tuvo una hija: Isabel. Alexandra apoyó a Walter en forma absolutamente abnegada y ejemplar en su lucha por fortalecer el aprecio de la obra de Remedios, y juntos soportaron tanto el terrible golpe que les asestó el destino al perder a su hija Isabel, recién casada, en un trágico accidente de carretera, como a soportar el vía crucis que provocó su generosa donación del legado de los cuadros de Remedios Varo al INBA.

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