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Pablo Cabañas Díaz
Con llegada de José Antonio Meade Kuribreña a la Secretaría de Desarrollo Social (Sedesol), se hicieron encuestas “a la medida” del gobierno de Enrique Peña Nieto.  Meade designó a media docena de servidores públicos de primer nivel, entre quienes se encuentran algunos como Julio Alfonso Santaella presidente de la Junta de Gobierno del Instituto Nacional de Geografía y Estadística (Inegi).  Santaella concluye  su  periodo de cinco años el 31 de diciembre de 2021.  El presidente del Inegi utiliza a la junta de gobierno, como escudo para  autorizar  un segundo incremento en este año a los salarios y prestaciones de quienes laboran en esa instititución.  El objetivo: desafiar la política de austeridad que lleva a cabo el presidente electo Andrés Manuel López Obrador.
Para asegurar el control del órgano de gobierno de la misma institución, en abril del 2017,  Meade colocó a Paloma Merodio como una de las vicepresidentas por un periodo de siete años;  que concluye en abril de 2024. Merodio, de 33 años, era una desconocida hasta que el presidente Enrique Peña Nieto la propuso ante el Senado –el 24 de febrero del 2017 – para ocupar una de las cuatro vicepresidencias del instituto, que había estado vacante desde el 31 de diciembre de 2016.
Merodio  estaba propuesta para ocupar la vicepresidencia del Subsistema Nacional de Información Demográfica y Social que había estado a cargo de Félix Vélez Fernández, un funcionario público de larga trayectoria, economista del  ITAM, maestro en políticas públicas y desarrollo económico y doctor en políticas públicas y análisis político del desarrollo, ambos por la Universidad de Princeton, Estados Unidos. Cuando se hizo público el nombramiento de Merodio y se conocieron sus escasas  credenciales profesionales, se desató un rechazo generalizado de la comunidad  científica del país.
El nombramiento fue un golpe a la credibilidad del instituto y a la calidad de su trabajo. La Ley del Sistema de Información Estadística y Geográfica, en su artículo 69 fracción II, exige que para ocupar un cargo de esa importancia en el Inegi se debe “ser profesional distinguido en materias relacionadas con la estadística, la geografía o la economía, así como haber ocupado, por lo menos durante cinco años, algún cargo de alto nivel en los sectores público o privado, o ser un académico de reconocido prestigio en las materias mencionadas”. Ante la oposición  de los expertos la Presidencia de la República amplío grotescamente el currículum de Merodio.  En su comparecencia en el Senado, y en múltiples apariciones en radio y declaraciones a la prensa escrita–  mostró serias dificultades para poder expresarse.
En toda su trayectoria profesional sólo había tenido un cargo más o menos relevante,: directora general de Evaluación y Monitoreo de los Programas Sociales en la Secretaría de Desarrollo Social (Sedesol), durante año y medio. Tuvo cargos de nivel medio en el Instituto Mexicano del Seguro Social y en la Sedesol, siempre impulsada por Meade. Al PRI,  le interesaba tener a alguien de su confianza en el Inegi, sobre todo en áreas que tienen que ver con pobreza, desigualdad de ingresos, condiciones de vida. Cuando Meade era secretario de Desarrollo Social, siempre protestaba cuando el Inegi y el Consejo Nacional para la Evaluación de la Política de Desarrollo Social reportaban datos negativos sobre el número de pobres en México, la concentración del ingreso y las condiciones precarias de la mayoría de mexicanos. Llegó a decir que si se midiera la pobreza como lo hacen el Banco Mundial y otros organismos internacionales, en el país habría varios millones de pobres menos. Para los priistas era de su interés, tener en el Inegi a alguien de su confianza… para maquillar las cifras de pobreza.
Merodio no fue a la Vicepresidencia  de Información Demográfica y Social, sino a la de Información Geográfica y del Medio Ambiente. Decisión que dejó en claro el interés del gobierno de Peña Nieto para incidir en cifras y datos que pretenden al final del sexenio, mostrar un rostro de menos pobreza y mejor calidad de vida de los mexicanos. Un hecho que es cada vez más obvio.

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