OTRAS INQUISICIONES: El maíz y la palabra: recordando a Miguel León-Portilla

Fecha:

Por Pablo Cabañas Díaz

Hay historiadores que ordenan documentos; otros, más raros, restituyen mundos. Miguel León-Portilla perteneció a esta última estirpe. En su ensayo “Alimentación de los antiguos mexicanos”, incluido en el tomo III de Herencia cultural de México, publicado por la Universidad Nacional Autónoma de México y El Colegio Nacional, el estudioso no se limita a enumerar productos agrícolas o describir platillos: reconstruye la arquitectura espiritual de una civilización que hizo del maíz su eje ontológico.

Su mérito mayor radica en comprender que la comida es un hecho total. No existe aislada: dialoga con los mitos, con el calendario ritual, con la jerarquía social, con los mercados y los tributos. Al acudir al Códice Florentino, a los códices matritenses y a los testimonios de Sahagún, León-Portilla rescata voces indígenas que describen banquetes, fiestas, diferencias entre pipiltin y macehuales. Pero más allá del dato etnográfico, su interés es otro: mostrar cómo la alimentación era comunión con lo divino.

En su lectura, el maíz no es simple cultivo. Es tonacayo, “nuestra carne”. Cintéotl y Xilonen no son alegorías sino presencias sagradas que sostienen la liturgia anual. Las dieciocho veintenas no sólo ordenan el tiempo: ordenan el hambre, la gratitud, la esperanza. Al citar los cantares rituales, León-Portilla deja que el náhuatl respire. En su prosa, la filología se vuelve acto de restitución histórica.

Otra de sus intuiciones decisivas es la continuidad. La gastronomía mexicana contemporánea —mestiza, compleja— conserva núcleos prehispánicos palpables: el atole frente al café, la tortilla frente al bolillo, el chocolate espumoso frente al té. No se trata de nostalgia indigenista, sino de conciencia histórica. La mesa mexicana es archivo vivo.

León-Portilla también desmonta simplificaciones. Reconoce la diversidad de insectos, algas, hongos, carnes y frutas que integraban la dieta noble, y la sobriedad de la dieta popular. Señala la ausencia de frituras por desconocimiento de mantecas y aceites. Sugiere, con discreción, que aquella alimentación estaba mejor balanceada que la nuestra. No idealiza; contextualiza. Y al hacerlo, revela una lección contemporánea: la modernidad alimentaria ha traído exceso y enfermedad, mientras que la antigua moderación implicaba armonía.

Su obra, en este punto, adquiere una dimensión ética. Frente a siglos de desdén hacia las culturas originarias, León-Portilla reivindica su racionalidad, su ciencia agrícola, su sofisticación culinaria. Recordemos que su trayectoria entera —desde La visión de los vencidos hasta sus estudios sobre poesía náhuatl— fue un combate contra el silenciamiento histórico. En “Alimentación de los antiguos mexicanos”, ese combate se libra en el terreno cotidiano de la mesa.

Leerlo hoy implica algo más que informarse: es reaprender a mirar. Los mercados tradicionales, los tianguis, las cocinas comunitarias, se convierten en escenarios donde sobrevive una memoria milenaria. El historiador nos enseña que la identidad no es abstracción retórica, sino práctica diaria: lo que comemos, lo que sembramos, lo que celebramos.

Miguel León-Portilla supo que el maíz es palabra y sustancia; historia y mito; cuerpo y símbolo. En tiempos de uniformidad cultural, su obra nos recuerda que México posee raíces profundas y complejas. Honrar su memoria es continuar la tarea que él emprendió: escuchar las voces antiguas, reconocer su vigencia y defender la pluralidad cultural que nos constituye.

Porque, como él mismo dejó entrever, comprender la alimentación prehispánica no es un ejercicio arqueológico, sino un acto de conciencia. Y en esa conciencia, el maíz sigue erguido.

Compartir

Popular

Artículos relacionados
Related

Jalisco da marcha atrás al ‘tarifazo’ de 14 pesos al transporte público

La decisión revierte el llamado 'tarifazo', que elevaba el costo del transporte público de 9.50 a 14 pesos.

Guanajuato también tipifica a la violencia vicaria

En Guanajuato, la violencia vicaria se condenará con penas de tres a siete años de prisión y con multas de 300 a 700 días.

Detienen a “Tobilio”, presunto líder de una célula del Cártel de Sinaloa

“Tobilio” fue detenido en Pueblo de Alayá junto con José Jairo “N” de 44 años y Jesús Geovany “N” de 28 años.

Más allá del reloj checador: cómo la semana laboral de 40 horas redefine el trabajo en México

La reforma abre un debate sobre productividad, bienestar y competitividad, con un plan de transición que marcará el trabajo de millones hacia 2030.