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Pablo Cabañas Díaz.

Estamos viviendo una crisis global sin precedentes y no es redundante decir que las decisiones que se van a tomar- en las próximas semanas- en cada país serán decisivas para la vida de millones de personas.

La crisis actual combina una recesión, una crisis financiera y una pandemia de salud sin precedentes: un triple golpe que ha cerrado las fronteras, y ha cerrado economías enteras y ha resultado en un desempleo masivo

Las grandes pandemias -a menudo- provocan reformas sociales. Los historiadores señalan que  años después de la peste bubónica, también conocida como la Peste Negra, de 1347 a 1351 resultó en mejores condiciones de trabajo y de vida para los trabajadores de bajos ingresos de esa época. La epidemia de cólera de 1854 permitió al epidemiólogo pionero John Snow establecer el vínculo entre el agua potable y la enfermedad, lo que finalmente condujo hasta nuestros días en  inversiones gubernamentales en infraestructura en agua y saneamiento.

Después de la pandemia de la gripe española de hace 100 años, muchos países reconocieron la importancia de la atención médica universal y la mejora de la vivienda. En cada caso, se hizo evidente que el bienestar de los más privilegiados dependía de satisfacer las necesidades básicas de los más marginados.

Hoy, la comunidad mundial enfrenta ahora una triple crisis sin precedentes:  una pandemia mundial de salud, una recesión económica y un colapso financiero global.

Los precios de los productos básicos se están derrumbandoel comercio internacional se está desacelerando y muchos países en desarrollo que ya estaban en dificultades están al borde de las crisis de deuda soberana.

Pero mientras que los países ricos como los Estados Unidos y los países  de Europa Occidental pueden permitirse gastar cientos de miles de millones o incluso billones de dólares en rescates masivos, las naciones en desarrollo y emergentes enfrentan como México grandes desafíos.

El caso de Brasil ejemplifica este hecho en América del Sur, este país, ha reportado miles de casos y cientos de muertes, mientras su presidente continúa minimizando la amenaza. Como resultado de las medidas para contenerlo, no espera crecimiento este año ,  e incluso se espera que se den conflictos sociales que podrían poner en crisis su estabilidad política.

El caos estalló en El Salvador después de que el gobierno prometió la suma de 300 dólares en ayuda a trabajadores informales como limpiadores de casas y vendedores ambulantes. A pesar de que el país estaba en medio de una orden de cierre de 30 días, miles de personas formaron filas fuera de una oficina del gobierno esperando ayuda,  ante la falta de recursos y la demanda de ese dinero se tuvo que utilizar a la policía para dispersar a las multitudes exigían esa promesa gubernamental.

La mayoría de los países en el mundo no tienen suficiente capacidad hospitalaria, incluidas unidades de cuidados intensivos, y equipos como ventiladores necesarios para tratar a un gran número de pacientes, lo que sin duda será un desastre que habrá de impactar a muchos gobiernos

Una vez que concluya la pandemia los expertos consideran que a los efectos económicos habrá que sumarle múltiples problemas de seguridad nacional. .El colapso de las economías en América Latina se espera que derive en migraciones masivas a medida que las personas van a intentar huir de los problemas en sus hogares de origen. La estabilidad de los países ricos para sortear la pandemia estará unida a la capacidad de los países en desarrollo de hacer lo mismo, y van a necesitar asistencia masiva.

 

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