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Pablo Cabañas Díaz
El sistema político mexicano actual fue creado bajo  difíciles condiciones mediante un pacto político en 1929. Ese fue un acuerdo, por el que los diferentes caudillos y jefes revolucionarios aceptaron reglas para el juego político y crearon los mecanismos operativos, para la aplicación de esos acuerdos.
Los acuerdos fundacionales del sistema no se encuentran escritos en ninguna parte, pero se pueden inducir de las diversas conductas de los políticos que vivieron  durante los  años de la existencia del acuerdo político callista es decir de 1929 a 1994.
Los puntos básicos del pacto político original parecen haber sido olvidados: a) el partido es el único acceso al poder político en México, con el siguiente resultado: fuera del partido no es posible, ni realista, ni conveniente hacer política; b) el “jefe máximo” es el árbitro indiscutido y de última instancia en todas las disputas políticas, c) la presidencia de la República, está estrictamente limitada a un período constitucional de seis años.
Para llegar a este punto hay que crear un consenso entre todos los partidos y fuerzas políticas acerca de dos cosas: primero la aceptación de la ley como la nueva regla del juego y, segundo, una amnistía para el pasado, a partir de cierta fecha que sería acordada en las negociaciones. Se trata de una propuesta atrevida que, sin duda, va a ser sumamente controvertida, pero se presenta porque, como en otros casos históricos en el resto del mundo, no se puede empezar una etapa si no se da sepultura a la anterior.
 La pérdida del poder del PRI el pasado primero de julio, redujo de inmediato los incentivos individuales para permanecer en ese partido . Este cambio en el sistema de incentivos en la arena política nacional se traduce de manera  gradual en el surgimiento de nuevos y poderosos alicientes  que habrán de fortalecer a Morena.
La superación de la pobreza, el crecimiento económico y la integración nacional requieren de un nuevo tipo de instituciones, capaces de producir los incentivos necesarios para lograr un desarrollo económico  acelerado y sostenible. México necesita ahora un nuevo arreglo político que concite  las voluntades de todos.

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