martes, julio 23, 2024

Migración internacional: ¿hay avances?

*La migración humana es una constante de la historia universal.
*No hay ningún país cuya población no sea resultado de flujos anteriores
*México ha sido un país con experiencia en protección.

En mayor o menor medida, desde hace algunos siglos todos los seres humanos que habitamos este planeta somos producto de un mestizaje anterior. Así es en todas las regiones del globo. Ojalá y todos lo supiéramos, en particular los líderes y dirigentes políticos, religiosos y culturales. Todos seríamos un poco más humildes. Más humanos.
Uno de los grandes desafíos de nuestra época es la administración ordenada, segura y regular de los flujos migratorios internacionales. La mayoría de los estados, de todas las regiones, son celosos de su soberanía, tratan de resguardar sus fronteras, imponen restricciones al traslado de personas a su territorio, y se reservan el derecho de admisión.
Según la ONU, en 2020 había 281 millones de personas que no vivían en su país de origen, el 3.6 por ciento de la población mundial. Alrededor del 48 por ciento eran mujeres y 35.5 millones eran niños. 169 millones eran trabajadores migrantes.
En el periodo 2015-2020 alrededor de 2.8 millones de migrantes se trasladaron, anualmente, de países en desarrollo a países desarrollados, pero muchos millones más se trasladaron de un país en desarrollo a otro país en desarrollo.
En los años 2019 a 2021, la ONU registró 8436 muertes de migrantes, y 5434 desaparecidos. En 2021, las remesas de los migrantes a sus países de origen alcanzaron 751 mil millones de dólares, 1.7 por ciento menos que en 2019 por la pandemia. N214175525 Informe SG Pacto Mundial de Migración PMM.pdf
El Banco Mundial informa que, con 54 mil millones de dólares, en 2021 México fue el segundo país receptor de remesas, superando a China (53 mil millones), y sólo después de la India (89 mil millones).
El aumento de estos flujos durante el presente siglo ha motivado racismo, xenofobia, y hostilidad hacia los migrantes. Pero es mínimo el rechazo a los individuos con recursos económicos abundantes, sin importar mucho su origen étnico o racial, su religión, idioma o cultura.
En realidad, el rechazo se expresa hacia los migrantes pobres o personas vulnerables, sean trabajadores en busca de empleo, o migrantes forzados por la inseguridad, la falta de medios de vida, y más recientemente por los efectos del cambio climático (intensas olas de calor, sequías, incendios, inundaciones).
La vulnerabilidad de estas personas se multiplica cuando se ponen en manos de traficantes y se atreven a cruzar fronteras nacionales sin una autorización previa del estado receptor.
Lamentablemente, el tráfico de migrantes se ha convertido en los últimos años en una actividad sumamente lucrativa, controlada por organizaciones criminales trasnacionales muy poderosas y violentas, que muestran absoluto desprecio por la vida de los migrantes, como hemos visto en el mar Mediterráneo, o en caminos, ciudades y desiertos de México y Estados Unidos.
La necesidad de proteger los derechos humanos de los migrantes, en especial a los más vulnerables, impuso a la comunidad internacional la obligación de fijar estándares de protección para este grupo de personas.
México ha sido uno de los países con mayor experiencia y tradición en la protección de sus migrantes, ya sea a través de su red de protección consular en Estados Unidos, o en los foros regionales e internacionales, como la OEA y la ONU.
Durante décadas, ha promovido numerosos instrumentos para proteger a los migrantes, desde la Convención para proteger los derechos de los trabajadores migratorios (1990) hasta, más recientemente, el Pacto Mundial de Migración (PMM, 2018).
El Pacto contiene veintitrés objetivos generales que, con una visión de 360 grados, incorpora todas las fases del proceso migratorio. Tiene como propósito principal promover la migración internacional en forma segura, ordenada y regular, y desalentar al máximo la migración irregular. Se trata de que la migración sea una opción y no una necesidad.
Al mismo tiempo, busca que los estados actualicen su legislación, prácticas y políticas públicas sobre migración, y cooperen entre sí, para garantizar el respeto a los derechos humanos de los migrantes, y una inserción positiva en las comunidades y países receptores, reconociendo sus contribuciones económicas, sociales y culturales, tanto a los países de origen, como los de tránsito y destino.
En mayo de 2022 tuvo lugar el Foro de Examen de la Migración Internacional, organizado por la ONU para revisar la aplicación del Pacto. El producto fue una Declaración que reconoce que, a pesar de los numerosos esfuerzos de los estados, los organismos internacionales y las organizaciones de la sociedad civil, los progresos alcanzados después de cuatro años de la aprobación del PMM “han sido muy lentos y desiguales”.
Por lo que es necesario redoblar esfuerzos para una implementación integral del PMM, alineada con los Objetivos de Desarrollo Sostenible N2237670 – Declaración de Progreso FEMI.pdf Hay mucho camino por andar.
Hay avances normativos a nivel internacional y en muchos países. Pero también falta creación de capacidades, y el diseño de políticas migratorias modernas, que descansen más en la tecnología, en el intercambio de información y en la persecución de los traficantes de personas, y menos en la fuerza bruta para reprimir a los migrantes.
(Miguel Ruiz Cabañas)

Artículos relacionados