Alejandra Munguía Cambrán
⦁ Las mujeres tenemos decenas de razones para llorar.
⦁ En los funerales de El Mencho se pitorrearon de la justicia y de un gobierno que no tiene autoridad moral.
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⦁ PERMÍTAME DECIRLE QUE SI LLORAMOS, ¿USTED NO?, DEBERÍA. Precisamente en la columna del lunes me refería a las grandes tonterías (por no decirles de otra manera porque vaya que calificativos me sobran), que dice Claudia Sheinbaum, es alguien, definitivamente, con incontinencia cerebral, pues decir que “las mujeres ya no lloran”, ¿en qué país?, ya que me queda claro que aquí hay miles –sino es que millones-, que lo hacen por esos hijos a los que el crimen organizado asesino; a las que sus retoños se les mueren en los brazos por carecer de medicamentos para el cáncer que padecen; las que no pueden llevar de comer a sus casas porque no tienen trabajo o el dinero ya nos les alcanza por la creciente inflación; es más, el pasado fin de semana ejecutaron a 144 personas en México y seguro hubo lágrimas por los cadáveres; en Sinaloa, lo hicieron por la ejecución de la madre buscadora Rubí Patricia, brutalmente asesinada pese a la presencia de las Fuerzas Armadas y el gabinete del Gobierno Federal; los feminicidios; por todas esas fosas clandestinas que han encontrado sin saber si en ellas se encuentran sus seres queridos. Es más, en México, las mujeres lloran de dolor, de impotencia, de coraje y por tener una patética presidente. Querer hacerse la simpática (tiene la gracia y belleza de una hiena), al “presumir” que vio el concierto de Shakira desde Palacio Nacional y aventarse la puntada de decir que “las mujeres ya no lloran” no empodera, por el contrario, suena a burla de alguien deshumanizado, incapaz de reconocer la realidad de una país que berrea por lo que está viviendo. Después de todo, las lágrimas no son tanto el problema, sino lo que las provoca. En un país donde el feminicidio sigue siendo una herida abierta, donde miles de mujeres desaparecen cada año, el mensaje que se necesita es otro y más que eso, se necesitan acciones que hagan que una mujer se sienta segura en un país que nada de eso ofrece ni económica ni socialmente. Seguramente usted también llora y sino lo hace debería, al ver como el país se le está yendo entre las manos.
⦁ EL BUEN GUSTO JAMÁS HA SIDO LO DE ELLOS, LA BURLA SI. Todos sabemos que la vida de los narcotraficantes es de opulencia, derroche de dinero (el tenerlo no le da el buen gusto); se pitorrean en la cara del Ejército y dela Guardia Nacional, porque saben que los tres niveles de gobierno los dejan actuar libremente, entonces ¿por qué no hacerlo después de muerto? Así se la gastaron los allegados a Nemesio Oseguera “El Mencho”, en su sepelio: féretro dorado, música, aplausos, caravanas, homenajes públicos, fue despedido como si fuera un héroe (para ellos seguramente) y no un despiadado criminal. No es algo nuevo, la verdad no entiendo dónde está la sorpresa y porqué la hacen de tos; en México, los narcotraficantes cuando son abatidos acaban convirtiéndose en leyendas, hacen series televisivas de ellos donde se hace apología de sus crímenes y de los montones de dinero que pueden obtener (he de confesarles mi gusto culposo por ellas), entonces ¿dónde está el asombro? Lo que me llama la atención no es el féretro de oro, sino el inche mal gusto, porque así como ni la violencia ni los balazos sorprenden ya, tampoco los funerales ostentosos, que no sé ya pa´qué, muerto está. Lo que situaciones así deberían preocupar (me queda claro que el gobierno federal no puede prohibirlas, así como tampoco puede con ellos), es el mensaje que mandan, ser criminal da fama, dinero y el reconocimiento de muchos. Esa clase de espectáculos solamente son una forma más de pitorrearse en la cara de la justicia y de un gobierno que no tiene autoridad moral.
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