domingo, mayo 26, 2024

“Mano dura que ponga orden, como la de Putin”

Luis Alberto García / Moscú, Rusia

*Opiniones de Alexéi Makarkin y Valeri Solovéi.
*La imagen del vencedor se impone.
*El enfoque pragmático de la historia.
*Nostalgia de Stalin, bandera de los comunistas.

Alexéi Makarkin, vicepresidente del Centro de Tecnologías Políticas de Moscú opina que la desestalinización promovida por Nikita Khuschev a partir del XX Congreso del Partido Comunista de la Unión Soviética (PCUS) en 1956 no funcionó, porque en la época actual se asocia con numerosos fracasos e infortunios.
“Durante la Perestroika de Mijaíl Gorbachov se criticó activamente a Iósif Stalin y se destaparon sus crímenes provocando una gran conmoción. Ahora la Perestroika se percibe como una época de errores y fracasos, por lo que la gente aplica la lógica a la inversa: como en ella se criticaba a Stalin, debemos suponer que era bueno”, aclara el experto.
Según Makarkin, la razón principal de la popularidad de Stalin fue la victoria en la Segunda Guerra Mundial: “Stalin era el Comandante Supremo. En la sociedad rusa el culto a la victoria es fortísimo, y en el imaginario colectivo no se puede ignorar el papel que jugó el hombre que dirigía al Ejército Rojo (Krasnaya Armiya, en ruso)”.
Otros éxitos de la época del mandato de Stalin también se añaden a la lista, según opina Makarkin: “En la conciencia de los estalinistas fue él quien realizó la industrialización del país, construyó fábricas y se anexionó nuevos territorios. Ahora en Rusia impera el enfoque pragmático de la historia, no el moral. Si un líder como Stalin o como Vladímir Putin lograron aumentar el territorio del país, se es un dirigente popular y de éxito”.
Valeri Solovéi, analista político y profesor del Instituto Estatal de Relaciones Internacionales de Moscú, asegura que “cuando la gente afirma sentir simpatía por Stalin en realidad no se refiere a que le gustaría haber vivido en su época. Todo el mundo quiere a Stalin para su vecino, no para él mismo”.
La estadística confirma las palabras de Solovéi: una encuesta de la firma Livada muestra que, a pesar del gran número de simpatizantes con Stalin, solo a un 23 % de los rusos le habría gustado vivir y trabajar con su régimen dictatorial.
El estalinismo ruso moderno, según los expertos, es una voluntad más bien de protesta. “La imagen de Stalin es la de un líder modesto que viste un sencillo abrigo. En una situación en la que las élites aparecen corrompidas, muchos perciben a Stalin como un modelo de honradez”, comenta Alexéi Makarkin.
Solovéi está de acuerdo: “La expresión del afecto hacia Stalin es una protesta simbólica, un deseo de recuperar una mano dura que ponga orden, como ocurre con Putin y sus más de dos decenios frente a los destinos de la Federación Rusa”.
En septiembre de 2015, al celebrarse elecciones parlamentarias, los representantes del Partido Comunista (el segundo partido con mayor representación en el parlamento entonces) declararon que planeaban utilizar en su campaña la imagen de Stalin para “atraer un mayor número de votos”.
Los expertos valoraron ese paso de los comunistas como una estrategia que podía surgir efecto: los más nostálgicos con la ex Unión Soviética se alegraron de recuperar a Stalin. “El electorado del Partido Comunista tiene una buena opinión sobre Stalin”, asegura Alexéi Makarkin. “Esto podría ejercer cierto efecto sobre ellos, movilizarlos”.
Para la parte de corte más liberal de la sociedad, Stalin es una figura oscura, l arquitecto de las represiones que provocaron la muerte (según la organización de defensa de los derechos humanos Memorial) de entre 11 y 39 millones de personas.
Las declaraciones de los comunistas han provocado una seria indignación, aunque, en opinión de Valeri Solovéi, el escándalo no hará más que beneficiar a los comunistas. “Stalin les aportará votos, simpatía y visibilidad -comenta Solovéi-. Y los que se consideran contrarios a Stalin ya no votan por el Partido Comunista, de modo que el partido no pierde votos”.
Un obstáculo para los comunistas podría ser el proyecto de ley de los diputados del nacionalista LDPR, que propone prohibir el uso de la imagen de personas fallecidas durante la campaña electoral.
Según estos diputados, el proyecto de ley no está relacionado con la iniciativa del Partido Comunista, pero de aprobarse, los comunistas deberán arreglárselas en las próximas campañas sin su líder muerto.

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