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Teresa Gil

laislaquebrillaba@yahoo.com.mx

 

Las palabras de Beatriz Gutiérrez Müller acerca de que la figura de la primera dama debe desaparecer porque en el país no puede haber mujeres de primera y de segunda,  advierten de que ese personaje tan controvertido podría desaparecer en el caso de que su esposo Andrés Manuel López Obrador gane la presidencia de la República.  La escritora Sara Sefchovich que ha hecho una larga peregrinación en el personaje y ha escrito un muy  fundado libro  con aspectos que van más allá de la referencia central, se quedará sin el sustrato.  Pero siempre se puede cambiar el título de su libro La suerte de la consorte (Editorial Oceano de México 2013)  por otro parecido relacionado con la nueva época que espera a la nueva república. En México ha habido desde hace siglos una primera dama y muchas damas de segunda, si es que a algunas nos gusta que nos digan damas, adjetivo romanticoide, clasista, ya decantado.  En este momento, con un universo de más de 40 millones de mujeres adultas que hay en México, ese número de segundas damas está sobre saturado. Absurdo y ofensivo. Ahora hay más libertad para incursionar en el tema y un abuso en algunas redes sociales del manejo de la situación  actual que ofende por el trato que se aplica. Una cosa es analizar sobre la perspectiva de su importancia y otra es degradar.

La argumentación  real social y jurídica sobre las llamadas primeras damas, se centra en el hecho de que no existe  ningún  tipo normativo que contemple a una mujer que no ha sido electa, que ocupe un  papel preponderante en las actividades del estado -oficiales y de representación-, que muestre a las mujeres  mexicanas. Además del uso  de recursos oficiales. La esposa, esposo, amante o lo que sea, que ocupe un  lugar en la compañía de un gobernante, entra en el terreno personal y es muy respetable. Si están ligados formalmente, la suya es una relación de tipo civil, privada, que así debe conservarse durante el trayecto en que se gobierna. El temor a la crítica, la amenaza que se cernía contra los que opinaran sobre la esposa- se ampliaba a la Virgen de Guadalupe y al presidente-, ha cedido a los nuevos tiempos y todos los temas del estado están hoy en el tapete. Un personaje que no tiene estamento, que crea resquemores y no ofrece nada válido a una nación, debe desaparecer.

SARA SEFCHOVICH: LA SUERTE DE LA CONSORTE EN EL  MEXICO  MACHISTA

Por razones obvias y el número de primeras damas que iban surgiendo, el legajo de la escritora, socióloga, historiadora y maestra de la UNAM, Sara Sefchovich, se fue ampliando desde sus comienzos en 1521-1524 con Hernán Cortés y sus dos esposas,  hasta el  momento actual con Enrique Peña Nieto y su esposa Angélica Rivera. La lista de gobernantes que ocupan 560 páginas, son  todos hombres. Con la lista de esos gobernantes y cien de introducción  y notas, el libro llega a las 640 páginas. En ninguna aparece una mujer de titular en el gobierno del país. Es cierto que la influencia de algunas fue mayor -el  llamado poder tras el trono-, que la eficacia del marido, pero eso la historia lo refleja como mera anécdota. Es significativo, porque el libro es sobre mujeres, pero dramáticamente se reseñan las actividades de los hombres que para bien o para mal -mas para mal-, han  encaminado a México. La reseña describe al personaje, su forma de ser, sus anhelos, su vida hogareña y pública, sus méritos cuando los ha tenido, los compromisos que asumió y la relación que tenía con el esposo, algunos deambulando en otros hogares y en otras camas. Alrededor de 130 primeras damas- muchos tuvieron  dos esposas  o más- son abordadas y la escritora las trata con  justicia  no exenta de crítica, siempre girando en torno a lo histórico y lo sociológico y dejando de paso uno que otro chismecito que adorna con gracejo el libro. En algunos casos trasciende lo que sostiene Gutiérrez Müller:  que en el país se quieren  mujeres al lado de un gobernante que sean transformadoras, observadoras, “no una sombra complaciente, silenciosa y dócil, que perpetúe las diferencias”.

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