TENNESSEE.- Bajo la peluca platino más icónica del sur de Estados Unidos se encuentra un carisma y talento arrollador de nombre Dolly Parton. Desde que comenzara su andadura en el show business, allá por 1955, la de Tennessee ha cosechado una cantidad indecente de éxitos, galardones, nominaciones e incluso estatuas de bronce que le otorgan, por descontado, la condición de diva inmortal de América. Pero si hay algo que ha recogido, además de premios y una filmografía incomparable, es el afecto del público. Todo el mundo quiere que Dolly se siente en su mesa.
Cantante, actriz, compositora, empresaria, filántropa, empresaria, estrella, la considerada como primera dama del country cumple 80 años siendo fiel a sí misma, sin bajarse nunca de sus incombustibles plataformas y regalando música, ficción y fantasía a unos espectadores que no podemos hacer otra cosa que oírla y admirarla cada vez que sale en pantalla.
Dolly Rebecca Parton nació el 19 de enero de 1946 en Sevierville, Tennessee. Hija de Robert Lee Parton y Avie Lee Owens, es la cuarta de doce hermanos criados en una cabaña de una sola habitación, sin agua corriente, en las montañas Great Smoky, en los Apalaches. Eran tan pobres que pagaron al médico que asistió su parto con un saco de harina de maíz, cuenta en sus primeras memorias Dolly: My Life and Other Unfinished Business, publicadas en 1994.
Pero esto no le supuso a Parton ningún obstáculo para alcanzar sus metas y llegar a convertirse en la mujer que hoy es. La que más tarde acabaría siendo madrina de Miley Cyrus escuchaba música en cada rincón de su casa. Tanto es así, que a los seis años ya había compuesto su primera canción, y con tan solo 12 comenzaría a trabajar tocando la guitarra en una emisora de radio. Había inaugurado, sin saberlo, una flagrante carrera musical repleta de alegrías, y pesares. Aunque sus comienzos en el cine fueron otros bien distintos.
Parton llegó tarde a la gran pantalla, pero qué entrada tuvo. Su debut fue en 1980, con el papel de Doralee Rhodes en Cómo eliminar a su jefe, película que coprotagonizó junto a Jane Fonsa y Lily Tomlin, y cuyo tema principal 9 to 5 escribió y grabó durante el propio rodaje del filme. Esta canción le valió numerosas nominaciones, entre ellas, el Óscar a Mejor Canción Original.
Tenía 34 años y una trayectoria consolidada como estrella del country. Sin embargo, este primer largometraje no solo fue todo un éxito comercial, sino una carta de presentación inmejorable a una nueva faceta de Parton: fue nominada al Globo de Oro como Mejor actriz de comedia y como Nueva estrella del año.
Su siguiente proyecto fue La casa más divertida de Texas (1982), un musical de época ambientado en los años treinta que superó los 60 millones de dólares en taquilla. En él, Parton daba vida a Mona Stangley, la carismática dueña de un burdel frecuentado, entre otros, por el personaje interpretado por Burt Reynolds.
Su papel le brindó una nominación al Globo de Oro a la Mejor actriz en comedia o musical y volvió a demostrar su capacidad para moverse con soltura entre el cine y la música: de la banda sonora surgieron temas tan populares como Hard Candy Christmas y una nueva versión de I Will Always Love You (en efecto, esta canción es de Dolly Parton, no de Whitney Houston), que —al igual que la original de 1974— volvió a liderar la lista Hot Country Songs.
Un par de años después, Parton protagonizó su tercer largometraje junto a Sylvester Stallone: Rhinestone, una comedia romántica dirigida por Bob Clark en la que interpretó el papel de cantante. Ella, ya convertida en estrella popular; él, en pleno apogeo tras Rocky y Rambo. Esa película quedaría como una rara avis en la filmografía de ambos, pero gracias a ella surgiría una amistad basada en el respeto y el cariño mutuo. De hecho, fue Dolly Parton la que convenció a Stallone de cantar en el filme, algo con lo que el actor se sentía especialmente incómodo.
Ni rubia ni tonta
Sin embargo, hablar de Dolly Parton es hablar de Magnolias de acero (1989). Si a estas alturas aún había alguien que dudaba de ella o la encasillaba en el papel de rubia tonta, la película de Herbert Ross se encargó de ponerlo todo en su sitio y de consagrarla en su faceta de actriz. Parton compartió pantalla con un elenco de primera línea, formado por Sally Field, Shirley MacLaine, Daryl Hannah, Julia Roberts y Olympia Dukakis.
Su icónico personaje fue el de Truvy Jones, una carismática y divertida peluquera que se ganó el corazón del público. Un papel en apariencia ligero, pero que en realidad guardaba una profunda humanidad que Dolly supo manejar con contención y sensibilidad. Fue, probablemente, su trabajo más complejo en la industria.
Tras el éxito de Magnolias de acero, su presencia en el cine se volvió cada vez más intermitente. Títulos como Famosa por error (1992) o Frank McKlusky, Detective Privado (2002) marcaron apariciones puntuales, ultimadas ya por intervenciones fugaces en algunos capítulos de series y programas, destacando aquí su papel de tía Dolly en Hannah Montana, por supuesto. Ya entonces, Parton escogió centrar su energía en la música, la producción y un imperio empresarial sin precedentes.
Lejos de perseguir una filmografía extensa o el prestigio, la diva country eligió siempre aparecer en pantalla bajo sus propias reglas. Esa libertad —poco común en aquel Hollywood, y menos aún para una mujer— logró tejer una carrera cinematográfica breve, pero profundamente coherente.
Dolly Parton siempre fue una mujer hecha a sí misma. Inteligentísima y divertida como pocas, la escritora de canciones tan legendarias como Jolene o Islands in the Stream solía responder con avidez a los comentarios de mal gusto sobre ella, dejándonos frases que ya han quedado para la historia, como “No me molestan los chistes sobre rubias tontas porque no soy tonta, y menos aún rubia”, o la ya imborrable “Cuesta mucho dinero parecer tan barata”.
Siempre única, siempre eterna, siempre con alguna historia que cantarnos, la reina de country puede celebrar, plena y rotunda, 80 años siendo un icono pop global. Ella misma dijo una vez, con su tan característico sentido del humor, que “si no hubiera nacido mujer, sería drag queen”. Y nos lo creemos. Porque Dolly Parton siempre podrá ser todo lo que se proponga.
AM.MX/fm
