Por José Luis Camacho López
La presidenta Claudia Sheinbaum decidió romper el bloqueo de amenazas intervencionistas que le impuso el dictador Donald Trump y asistir a una reunión de presidencias y movimientos progresistas en la Ciudad de Barcelona, encabezada por Pedro Sánchez, el presidente socialista español que ha desafiado al imperio del voraz expansionista empresario republicano.
La presidente mexicana acudirá a esa reunión a la que acuden como ponentes Luiz Inacio Lula Da Silva, presidente de Brasil; Gustavo Petro, Presidente de Colombia, y Yamandú Orsi, presidente de Uruguay, gobiernos de orientación de una izquierda latinoamericana acosada en momentos en que la derecha y la ultraderecha latinoamericana están sentadas en las rodillas de Trump.
La presidenta lleva en su agenda la vapuleada política exterior de México al bloquearle Trump su decisión de enviarle a Cuba petróleo hasta bajo condiciones comerciales. En su conferencia mañanera del último lunes la presidenta dijo que acudirá con la Doctrina Estrada en sus manos y el contenido del artículo constitucional 89 que define la no intervención, autodeterminación y solución pacífica de los conflictos. Principios que el expresidente Miguel de la Madrid incorporó al 89 cuando el país se encontraba bajo una alta presión de Estados Unidos por demandar la pacificación de Centroamérica con el Grupo Contadora en 1983.
La reunión de Barcelona ha sido convocada por la plataforma Global progressive Mobilisation (GPM) y Pedro Sánchez “en un momento en que el mundo se enfrenta a una coyuntura crítica y ofrece una alternativa necesaria a las fuerzas conservadoras y de extrema derecha”, sobre todo en sus avances en Europa, América Latina y el Caribe.
Sin ser hasta ahora una visita de Estado, la presidenta mexicana tendrá oportunidad de darle un punto final a la pausa, decretada por el expresidente López Obrador al reclamar al gobierno y reino de España una disculpa por los agravios sufridos por los pueblos indígenas durante la conquista española.
El Rey Felipe VI en una visita a una exposición “La mujer en el México indígena”, en el Museo Arqueológico de Madrid, reconoció que “hubo abusos” durante la ocupación en los tres siglos de la colonia española en el país, una manera de buscar reencontrarse las relaciones entre ambas naciones pausadas por el gobierno de López Obrador.
Como parte de esa voluntad de acercamiento, en un comunicado la “Casa de su Majestad el Rey” lo manifestó con mayor claridad al decir que esa muestra temporal, concluida el 26 de marzo, “forma parte de un proyecto binacional que nace con la aspiración de reforzar los vínculos entre ambos países a través del reconocimiento de la importancia histórica de las culturas originarias y del papel fundamental de las mujeres en las comunidades indígenas de México”.
La presidenta consideró y lo valoró en “El Año de la Mujer Indígena” como un “gesto de acercamiento” las expresiones de reconocimiento del Rey Felipe VI sobre la conquista española de hace más de cuatro siglos.
La presidenta mexicana acude a España a una tácita reanudación de relaciones con una España estrechamente unida a México desde la recepción de los republicanos en el gobierno del general Cárdenas. Ahora a una Europa conmocionada por la guerra imperial de Trump en el planeta, que tiene como objetivo llevar a “la edad de piedra” a la más antigua civilización elamita y persa representada por Irán, sin perder su dura vista injerencista sobre Cuba y a México
El gobierno de Pedro Sánchez, del Partido Socialista Obrero Español (PSOE) se ha enfrentado a Trump. A diferencia de aquel presidente de la derecha española, José María Aznar, del Partido Popular (la versión de Acción Nacional español) que se unió junto con Tony Blair, del partido de los comunes de Reino Unido, a la cruzada bélica del presidente George Bush hijo para invadir Irak en 2003 a pesar de no existir las armas nucleares, que fueron el pretexto para derribar el régimen de Saddam Hussein.
Hoy el presidente Sánchez le ha impuesto sus propias reglas a Trump. Se ha negado a destinar el 5 por ciento del PIB español a reforzar el poder militar de la OTAN, a que las bases militares en su territorio sirvan a las agresiones bélicas a Irán, ha condenado el genocidio en Gaza y se ha opuesto en forma terminante a la guerra de Netanyahu y Trump en Oriente Medio que alcanza la sufrida Líbano.
Sánchez recordó que la invasión de Irak, hace 23 años, la administración de George Bush hijo “nos arrastró a una guerra en Oriente Medio” que “desencadenó la mayor oleada de inseguridad que ha sufrido nuestro continente desde la caída del Muro de Berlín”.
Ese fue el discurso de Sánchez en marzo pasado al fijar su postura sobre la nueva guerra imperial de Estados Unidos y del gobierno ultraderechista de Israel en Oriente Medio, en un explosivo escenario político que sacude a España y a Europa, cuando los países de la OTAN se niegan a que la guerra de Trump contra Irán sea su guerra.
Estos cuatro gobiernos latinoamericanos México, Brasil, Colombia y Uruguay que acuden es esta reunión de Barcelona son los sobrevivientes de la oleada derechista impulsada por Trump. Una oleada hacia el pasado que recorre América Latina y ha logrado triunfar por la vía electoral en Honduras, El Salvador, Costa Rica, Panamá, Ecuador, Bolivia, Chile, Argentina, Paraguay, República Dominicana y Perú que va a la derecha en sus últimas elecciones y terminará por enterrar a la izquierda peruana.
En la reunión de Miami, los mandatarios de las derechas latinoamericanas le rindieron culto al emperador Trump en su reunión de “Escudo de las Américas”. Doce países de América Latina y del Caribe abrieron la puerta a intervenciones militares abiertas estadunidenses en la región con el pretexto del combate al narcotráfico, bajo el “escudo” de una mayor cooperación y asistencia militar, como las que se pretende aplicar en México.
La reunión de Barcelona a la que acudirán representantes de gobiernos y partidos identificados con la izquierda tiene como gran objetivo “hacer que las soluciones progresistas sean visibles y creíbles, demostrando que son la clave para la prosperidad de la humanidad”.
Esta plataforma Global progressive Mobilisation declara que el propósito de esta reunión en Barcelona los días 17 y 18 de abril es defender la democracia y avanzar en la justicia social “con el fin de convertir la convicción en acción y la ambición en resultados”.
Un reto que para el gobierno de la presidenta Claudia Sheinbaum es aún está cuesta arriba de no desprenderse de la extrema dependencia de la voluntad de Trump. Por ello es altamente significativa que la científica egresada de nuestra UNAM esté en Barcelona con sus pares en ideas y compromisos sociales de América Latina y de Europa.
