Petróleo para Cuba, el serio dilema para la presidenta Sheinbaum
Por José Luis Camacho López
El empresario-presidente Donald Trump, uno de los peores tiranos déspotas de las historias de infamias a la humanidad, había colocado a la presidenta Claudia Sheinbaum en el camastro del cruel Procusto, que por un lado la halaga y por el otro la amordaza como al prohibirle mantener los tratos petroleros con la Republica socialista de Cuba, que provienen desde el sexenio del presidente Luis Echeverría (1970-1976).
Por lo que expresó en su última conferencia de prensa del lunes 23 de marzo, la presidenta parece que dejó de estar maniatada en el camastro tipo Procusto que le tendió Trump. La presidenta está en vías de rectificar y levantarse de ese lecho de Procusto-Trump. Ofreció estudiar la forma de reactivar los envíos de petróleo a Cuba, sin alterar sus obvias relaciones, sobre todo comerciales, con el gobierno del empresario Trump.
La presidenta manifestó que su gobierno está en contra del bloqueo económico a la isla socialista, decretada por el gobierno del presidente John F. Kennedy, desde la edad que ella cumplirá 64 años el 24 de junio próximo; y también en contra de prohibir, como lo decretó Trump, los envíos de petróleo al pueblo y gobierno cubanos.
La presidenta ofreció reanudarlas estudiando “sin afectar a México”, así como continuar la ayuda humanitaria. Ese mismo lunes, la misma mandataria anunció la salida de otro barco son esa ayuda.
Esa reanudación de envíos de combustibles se hará bajo acuerdos humanitarios o de tipo comercial, explicó la presidenta a reporteros de medios tradicionales y emergentes reunidos en el salón Guillermo Prieto, antes Salón de la Tesorería de Palacio Nacional. Expuso además que esa inconformidad sobre la prohibición de enviar petróleo a Cuba con la amenaza de ejercer represalias arancelarias o comerciales se las ha hecho saber a Trump.
Reivindicó a su vez el derecho a la autodeterminación del pueblo cubano frente a las amenazas de invasión militar con las que han amenazado al régimen cubano el mismo Trump y su secretario de Estado Marco Rubio, cuya familia es de origen cubano. Al mismo tiempo apeló a que las Naciones Unidas participen de soluciones multilaterales para evitar soluciones violentas sobre la República de Cuba.
Mencionó también la voluntad de las autoridades cubanas de abrirse a la inversión extranjera de no solo a empresarios cubanos en el exilio, también consideró que empresarios mexicanos participen de esa apertura de la economía de esa nación del Caribe.
A la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo le debe pesar como un clavo ardiendo, sobre todo por su origen juvenil en la izquierda radical universitaria, la suspensión de los convenios petroleros a la República de Cuba, por el veto que le impuso el emperador Trump para prohibirle mantener los contratos petroleros con la isla socialista que datan desde el viejo régimen de partido de Estado.
Desde una conferencia de prensa del 22 de diciembre de 2025, la presidenta rememoró toda esa relación histórica desde el Partido de Estado hasta el siglo de las alternancias presidenciales.
Realizó un recuento de las relaciones petroleras con Cuba. Una de esos vínculos desde el odiado salinismo (1988-1994), en el periodo especial en Cuba, en el cual“se formalizó una inversión de 350 millones de dólares para la modernización de la refinería de Cienfuegos, una operación estratégica de swaps, un intercambio de deuda por inversión”.
En 2012, en la transición entre el calderonismo al peñismo durante la alternancia del PAN al PRI, se firmaron cartas de intención para que Pemex brindara asistencia técnica a la estatal cubana CUPET. Incluyendo la presencia de la petrolera mexicana en los proyectos de exploración que Cuba ejecutaba con consorcios internacionales.
Después, en 2013, citó que en el sexenio de Enrique Peña Nieto se condonó deuda que tenía el gobierno de Cuba con Pemex. Dijo que ascendió al 70 por ciento de las obligaciones históricas con Bancomext, para restructurar el resto para fomentar el comercio bilateral.
Resumió en una cronología los encuentros presidenciales en la relación con Cuba desde Luis Echeverría, López Portillo, Miguel De la Madrid, Carlos Salinas, Ernesto Zedillo, con Vicente Fox, Felipe Calderón, Enrique Peña Nieto y el mismo Andrés Manuel López Obrador.
La relación de México con Cuba, reafirmó, es histórica. “México fue el único país que se opuso en el primer momento al bloqueo. Entonces, independientemente del partido político, ha habido relación México-Cuba. No es algo nuevo, no es una situación nueva y todo se hace en el marco de la ley y también por motivos humanitarios al pueblo de Cuba”, dijo en esa ocasión la mandataria de la conferencia decembrina.
Pesan aún sobre el gobierno de la Segunda Etapa de la 4T en esa relación histórica, en la cual el petróleo ocupa un sitio estratégico por el bloqueo que el bipolar presidente Trump impuso a México, el incierto tratado comercial con nuestro país y Canadá; y una improbable intervención militar directa para combatir al narcotráfico en nuestros territorios. Son las armas ideológicas preferidas de Trump para mantener a raya al Estado Mexicano en su relación con la isla socialista.
Trump, que un día se levanta declarando que destruirá al régimen político de Irán, junto con Netanyahu, otro criminal de guerra, lanzando un bombardeo que alcanza una escuela y asesina a casi dos centenares de niñas; y otro día suspende sus amenazas de apagarles la energía al pueblo iraní o que le encantaría “tomar Cuba”, revive en su cerebro de esponja el sueño de otro presidente anexionista, el demócrata James Buchanan (1856-1961). Buchanan ambicionaba adquirirla para contar con más esclavos y aumentar el poderío de los “estados confederados del sur”.
En Guelatao, el pasado 21 de marzo, en ocasión del 220 aniversario del nacimiento de Juárez, la presidenta al recordar y recuperar la memoria juarista recordó una de sus frases célebres: “Entre los individuos, como entre las naciones, el respeto al derecho ajeno es la paz”, que aprovechó para referirse a la grave situación económica de Cuba, agravada por la suspensión del petróleo, que ella misma dispuso para no poner en riesgo las relaciones con Trump, que hoy está dispuesta a rectificar.
“Vamos a seguir apoyando al pueblo de Cuba y buscando la manera de que, sin afectar a México, podamos dar combustible a las y los cubanos, al pueblo de Cuba, que es fundamental en este momento”, reiteró la presidenta en un aniversario más del nacimiento de Juárez en Guelatao.
La piedra de Sísifo
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