La nueva Rusia recobró su autoestima y los valores perdidos

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Luis Alberto García / Moscú

* Yeltsin y Putin superaron menosprecios y humillaciones.

* Rusia, con la vista puesta en modelos postimperiales del Reino Unido y Francia.

* Crimea, en su mejor periodo desde la época de la Unión Soviética.

* La única concepción rusa tradicional del poder, es el poder militar.

* Vostok-18, las mayores maniobras militares de la historia contemporánea.

* Reconstruir el Ejército y modernizar el material bélico.

Durante casi diez años, Borís Yeltsin y Vladímir Putin se encontraron –pero lo superaron- con los menosprecios y las humillaciones provenientes de sus antiguos aliados y luego enemigos ideológicos occidentales, y ante este problema, los mandatarios que concluyeron el siglo XX e iniciaron el XXI con sombras e incertidumbres, crearon en el espacio postsoviético sistemas de seguridad y cooperación y una zona de influencia.

No obstante que la autoestima y los valores perdidos del pasado se fue recobrando hasta después de 1992, Rusia tenía la mirada puesta en los modelos posteriores a los imperiales del Reino Unido y Francia, y en la política de vecindad de Estados Unidos, y fue entonces nació la Confederación de Estados Independientes (CEI), flor de un día y una cáscara vacía.

Después, Putin lo sustituyó por el tratado de seguridad colectiva, la unión aduanera y el espacio euroasiático; Georgia y Ucrania se resistieron, en ocasiones hasta el punto de provocar una crisis internacional —en el caso de Crimea— que pareció indicar, erróneamente, el comienzo de una nueva guerra fría.

A ese respecto, el embajador de Rusia en México, Víktor Koronelli, expresó que, “a cinco años de su reintegración con Rusia, la península de Crimea está viviendo el mejor periodo desde la integración de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, logrando superar el estado de abandono de la época ucraniana”.

El diplomático recordó que, el 18 de marzo de 2014, Crimea y Sebastopol, “basándose en la voluntad de su pueblo, después de un largo viaje, retornaron a su puerto de matrícula, según las palabras del presidente Vladímir Putin”.

Para Putin, el hecho de que la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) hubiera sobrevivido hace necesario garantizar un entorno seguro alrededor de Rusia; pero el elemento esencial de su visión sigue siendo el restablecer el equilibrio de poder con Estados Unidos y, para ello, en primer lugar recurre a la única concepción rusa tradicional del poder, que es el militar.

Ante las impopulares medidas económicas aplicadas tras la pausa veraniega, diluido ya el paréntesis de euforia y libertades permitidas después de la Copa FIFA / Rusia 2018, llegó el nuevo mandato de Putin con la respuesta positiva de financiar las exigencias de la jerarquía militar, y en ese sentido se empezó a crear la idea de las amenazas externas.

“Para defenderse, Rusia necesita reforzar su poderío militar”, expresó un alto oficial del Ejército, y por ello la primera mitad de septiembre del año en que se escenificó el XXI Campeonato Mundial de futbol en una docena de ciudades, transcurrió bajo el signo de los mayores ejercicios de sus fuerzas armadas desde el fin de la Guerra Fría.

Por primera vez en la historia reciente, del 1 al 8 de septiembre de 2018, se llevaron a cabo en el Mar Mediterráneo maniobras conjuntas del Ejército y la Aviación rusos, con aparatos portadores de armas nucleares, apoyados por satélites y otros recursos tecnológicos espaciales.

Los gobiernos de Vladímir Putin –como Primer Ministro y Presidente entre 1999 y 2017- se dedicaron a reconstruir el Ejército, modernizar el material bélico y llevar a cabo un esfuerzo multidimensional, y por ello, la primera mitad de septiembre de 2018 transcurrió en Rusia bajo el signo de los mayores ejercicios de sus fuerzas armadas desde el periodo de la Guerra Fría.

En estos ejercicios, que contaron con la logística de sus bases militares en Siria, participaron buques de las Flotas del Norte, el Báltico, el Mediterráneo y el Caspio, así como aviones de última generación TU-160 con misiles crucero, TU-142MK e IL-38 preparados para atacar buques de guerra, igual que cazabombarderos SU-33.

Según el viceministro de Relaciones Exteriores, Mijaíl Bogdanov, las maniobras no guardaron relación con la situación en Siria, aunque la propia cancillería expresó la víspera, en un comunicado, su preocupación por la concentración en la zona de fuerzas de otras potencias.

De Estados Unidos, Reino Unido y Francia, en particular, de “70 portadores de misiles, cerca de 380 cohetes crucero de emplazamiento aéreo y dos destructores estadunidenses, el Carney y el Ross, con 28 cohetes Tomahawk cada uno”.

Al concluir las maniobras, apenas unos días después, del 11 al 15 de septiembre, se realizó en Siberia y el Extremo Oriente ruso el más grande despliegue militar desde la época soviética, que tuvo lugar en 1981, durante los ejercicios Zapad-81 (Occidente-81), aunque los de 2018 triplicaron el número de armamento y efectivos implicados.

Ahora, de acuerdo con el Ministerio de Defensa, las maniobras Vostok-18 (Oriente-18) fueron de mayor magnitud: participaron casi 300 mil soldados, con algunas unidades invitadas de China y Mongolia, así como más de mil aviones y helicópteros de combate, junto con buques de las Flotas del Pacífico y del Norte, sin faltar 36 mil tanques y carros blindados.

Los críticos de exhibir musculatura bélica –cuando los sectores más desprotegidos de la población no saben cómo sobreponerse al enésimo golpe en sus menguados bolsillos– consideran un exceso innecesario el derroche, habida cuenta de que el arsenal nuclear de Rusia es más que suficiente para contener a cualquier agresor.

Para el Kremlin, sin embargo, “está plenamente justificado llevar a cabo este tipo de costosos ejercicios que mejoran la capacidad de defendernos en una coyuntura internacional que con frecuencia es hostil y agresiva respecto de Rusia”, dijo Dimitri Peskov, en palabras enérgicas y terminantes, en su condición de máximo vocero de las Fuerzas Armadas de la Federación de Rusia.

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