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Raúl Moreno Wonchee

En el PRI están contentos. Salió bien su asamblea y pueden asegurar que su partido seguirá sustentando a la Nación y al Estado. En política las comparaciones son obligatorias y sobran ejemplos de países sumidos en el estancamiento y aún en el atraso por la falta de un régimen político a la medida de su historia y de un partido que lo conduzca. Los mexicanos contamos con una revolución resuelta en constitución que a pesar de haber cumplido un siglo, o quizá por eso, le ha dado a la Patria solidez bastante para haber convertido la maldita vecindad en una relación no exenta de contradicciones, dificultades y aún graves conflictos, pero que ha atajado el intervencionismo y mantenido a salvo la soberanía. Régimen democrático de origen. Porque nuestra democracia no es epifanía sino lucha de cien años; que después de vivir un siglo vuelve a los diecisiete, al diecisiete en este diecisiete. Cuando Peña recuperó la Presidencia, se comprometió a mover a México, una forma de decir que iba a volver a poner en marcha la Revolución. Y ya se sabe que el único camino es el de las reformas: telecomunicaciones, hacienda, energía y educación fueron objeto de cambios estructurales que nos abrieron el porvenir. Hubo otras menores y otras resultantes de las negociaciones. ¿Y el Partido? Seguir al frente de un país en transformación, lo obligó a actualizar su visión de futuro, fortalecer principios e ideología, ampliar su programa, adecuar su organización. El mejor PRI ha sido el que en ejercicio de su independencia llevó a Peña a la victoria contra el gobierno de la derecha. Ahora debe recomponer sus relaciones con el poder y con la sociedad para volver a ganar la Presidencia y proseguir las reformas.

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