La intuición del escritor Julio Cortázar que confirma la psicología moderna: “Cuando uno subraya un libro, se subraya a sí mismo”

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CIUDAD DE MÉXICO.- Cuando uno subraya un libro, se subraya a sí mismo”. Julio Cortázar solía repetir esa idea, aunque admitía no recordar quién la había formulado primero. El escritor de Rayuela sabía que subrayar no consiste únicamente en destacar una frase certera o brillante; también implica reconocerse en esas palabras resaltadas. El autor argentino dijo en más de una ocasión que siempre que leía acostumbraba a tener un lápiz cerca. ¡Quién pudiera ver esos subrayados para conocer más sobre este maravilloso escritor!

“Muchas veces, los subrayados hablan menos del libro y más del momento vital del lector”, explica Olga Albaladejo, experta en bienestar y salud integrativa, que entiende el gesto de marcar una frase como una auténtica radiografía emocional. Lo que resaltamos en una página no suele ser fortuito: revela deseos, heridas, necesidades y hasta conversaciones internas que todavía no hemos terminado de entender.

LO QUE SUBRAYAMOS HABLA DE NOSOTROS
De acuerdo con Leyre Moreno en el portal Telva, subrayar, explica la psicóloga, funciona como un acto de proyección. No marcamos únicamente una frase bonita; señalamos aquello que conecta con nuestra estructura emocional en ese instante concreto. “Lo que captura nuestra atención responde a nuestras preocupaciones, a nuestros esquemas emocionales y a aquello que llevamos tiempo sintiendo sin haber encontrado palabras todavía”, señala.

Por eso dos personas pueden leer la misma novela y quedarse con párrafos completamente distintos. “Una persona con dificultades para poner límites subrayará párrafos sobre autonomía. Quien lleva años silenciando algo se quedará exactamente en la frase que nombra aquello que nunca había podido decir”.

Albaladejo recuerda que el psicólogo Jerome Bruner defendía que construimos nuestra identidad a través de narrativas. Y precisamente ahí reside parte del poder de la lectura: en la capacidad de encontrar fragmentos ajenos que parecen explicar nuestra propia historia.

LAS FRASES QUE NOS ENCUENTRAN
Hay libros que releemos años después y descubrimos llenos de subrayados que ya no entendemos del todo. Frases que antes parecían esenciales y hoy apenas nos representan. Y otras que habían pasado desapercibidas se convierten, de pronto, en reveladoras. “No cambió el texto. Cambiamos nosotros”, resume la psicóloga.

Según explica, el estado emocional actúa como un filtro de atención. El cerebro selecciona aquello que considera relevante para nuestra experiencia vital en ese momento. Por eso ciertas frases parecen llegar justo a tiempo: una ruptura, una crisis profesional, una enfermedad o un cambio importante pueden dotar a las palabras de una intensidad completamente distinta.

La psicología de la memoria emocional demuestra además que retenemos e integramos mejor aquello que conecta con lo que estamos viviendo. Es decir: a veces no es que una frase sea extraordinaria, lo que ocurre es que nosotros estamos preparados para leerla y hacerla nuestra.

LEER COMO FORMA DE AUTOCONOCIMIENTO
Existe incluso una disciplina específica —la biblioterapia— que utiliza la lectura como herramienta terapéutica y de reflexión personal. Los investigadores Raymond Mar y Keith Oatley demostraron que la ficción activa procesos cerebrales muy similares a los que usamos en la vida real para comprender emociones y relaciones humanas. “Leer con profundidad no es solo consumir información. Es entrar en diálogo con partes de nosotros mismos”, afirma Albaladejo. La neurocientífica Maryanne Wolf habla de la “lectura profunda” como un estado especialmente valioso porque integra pensamiento racional y experiencia emocional.

La psicóloga diferencia, de hecho, entre lectura intelectual y lectura emocional. La primera busca comprender, analizar o aprender; la segunda pretende sentirse acompañado, transformado o identificado. Aunque ambas suelen mezclarse, no activan exactamente los mismos procesos internos.

“En la lectura emocional el texto despierta recuerdos, sensaciones corporales y respuestas afectivas”, explica. Y quizá por eso algunas páginas terminan convirtiéndose en refugios emocionales a los que volvemos una y otra vez.

EL VALOR PSICOLÓGICO DE SUBRAYAR A MANO
Leer en papel y subrayar manualmente tiene, según la especialista, “un efecto casi contracultural”. El gesto obliga al cerebro a detenerse, seleccionar y decidir qué merece permanecer. Investigaciones de Mueller y Oppenheimer demostraron que escribir a mano favorece una comprensión más profunda porque exige sintetizar y procesar activamente la información.

También hay una dimensión emocional: “Durante unos minutos dejamos de saltar entre estímulos y permanecemos aquí, en esta frase, en esta emoción”, cuenta Albaladejo. Y es que, de alguna manera, somos o sentimos lo que subrayamos.
AM.MX/fm

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