Luis A. García / Círculo Latino de Estudios Internacionales
*Los análisis sobre la identidad de los países emergentes.
*Se volvieron entidades atractivas que tomaron fuerza.
*La crisis de 2008 como detonante de riesgos.
*El Grupo de los 20, foro coordinador de políticas financieras.
Cuando a mediados de la década de 2000 el discurso económico se trasladó al ámbito de la política internacional, cancillerías e instituciones internacionales reforzaron la noción político-diplomática de la emergencia de estos países y su protagonismo mundial.
Desde la academia empezaron a desarrollarse análisis sobre las identidades –y respectivas conductas como reflejo– de las potencias emergentes. Así, las políticas exteriores de estos actores y sus interacciones reforzaron el relato de la transición de poder mundial.
Las potencias emergentes –ya no solo las economías emergentes– se volvieron entidades aún más atractivas, creando una idea que tomó fuerza a fines del siglo XXI.
El revuelo ocasionado por estos discursos y por los cambios en el poder global generó reacciones encontradas. Algunos análisis sugerían semejanzas entre potencias emergentes del pasado y las del siglo pasado.
Se trataba de países insatisfechos con el orden vigente y el predominio de las potencias establecidas, y la posible inevitabilidad de una lucha destructiva entre esas potencias merced a la actitud revisionista de las emergentes.
Otros, por el contrario, preveían la compatibilidad de las nuevas potencias emergentes y sus reivindicaciones en el orden internacional vigente, pues la agenda reformista que abanderan –aunque algunos de estos países tengan una agenda más conforme con el statu quo, conveniente para las potencias establecidas– puede ser integrada gracias a las normas e instituciones liberal.
La crisis económica de 2008 fue un detonante que reforzó la impresión acerca del cambio de poder global a partir del mejor desempeño económico de las potencias emergentes –en general, aunque con excepciones.
Esto obligó a la coordinación de las potencias establecidas y sus instituciones con las emergentes y relanzó al nivel de las cumbres de Jefes de Gobierno la cooperación en el Grupo de los 20.
Este es un foro de coordinación de políticas financieras creado a fines de la década de 1990 tras la crisis del Sudeste asiático, formado por los países del g-7 (Alemania, Canadá, Estados Unidos, Francia, Italia, Japón y Reino Unido) y la Unión Europea.
Lo hicieron junto con otros «sistémicamente importantes» –como se les llamó en 1999–: Arabia Saudita, Australia, China, Corea del Sur, la India, Indonesia, Rusia, Sudáfrica y Turquía. Y tres países latinoamericanos: Argentina, Brasil y México.
Las tareas para responder a la crisis y los esfuerzos de coordinación entre potencias establecidas y emergentes y organizaciones internacionales se enmarcan en la llamada «gobernanza global»: la forma en que, a través de mecanismos formales e informales, actores internacionales desarrollan cooperación para atender desafíos transfronterizos o globales, buscando proveer bienes públicos igualmente globales.
El g-20 devino así en símbolo de la presencia de las potencias emergentes en la misma mesa de toma de decisiones económicas mundiales junto a los países del g-7.
La frase pronunciada en 2009 –«Hoy designamos al G-20 como el principal foro de nuestra cooperación económica internacional»– en la declaración de los líderes del grupo supuso para algunas potencias emergentes la consagración de su nueva jerarquía y su participación en la previsible reforma del orden mundial.
Ese mismo año, el BRICS dio un salto importante hacia su formalización como foro de las principales potencias emergentes con la primera cumbre de líderes del grupo en Ekaterimburgo12.
*Coordinador Ejecutivo del CLEI, Cdmx