*“Esta inversión de la relación entre el medio y el fin es la locura fundamental que da razón de todo lo que hay de insensato y sangriento a lo largo de la historia. La presencia humana en la Tierra es el cuento de la esclavitud que hace de los hombres, tanto de los opresores como de los oprimidos, el simple juguete de los instrumentos de dominación que ellos mismos han fabricado; rebaja así a la humanidad viva a ser un objeto de materia inerte”
Gregorio Ortega Molina
Con lo que hoy sucede en el mundo, con la constante presencia de la IA para administrarnos como seres humanos, ¿podremos sembrar abedules, cedros de Líbano, con la certidumbre de que su sombra cubrirá a nuestros nietos?
El aviso de lo que se nos ofrece está en la presencia de la miseria humana, manifiesta en el desbordamiento de un desequilibrado crecimiento poblacional, descontrolada migración, por el hambre que diezma a esas poblaciones que se convierten en sujeto de disputan entre gobiernos antagónicos, líderes corruptos, milicias sin control, delincuencia que sustituye a la autoridad.
Son la codicia y la concupiscencia por el poder político, ese deseo irrefrenable de controlar la vida de los otros, de los demás, sin importar si su destino inmediato es la muerte por descuido, el fallecimiento por ejecución, o desaparecer en esas fosas clandestinas que no nada más son particularidad nacional, sino que, en otras naciones independientes también se sirven de ellas para ocultar esa irrefrenable necesidad de matar.
No se requiere de armas para asesinar. La voz, la estulticia, la ausencia de ideas, la tribuna presidencial o cualquier otra, son pistolas tan efectivas con las balas, o como los venenos, porque, a fin de cuentas, ejecutar por la palabra dicha desde una boca floja, resulta tan eficiente como el horno crematorio, el tiro de gracia o el pelotón.
Para puntualizar evoquemos lo legado por Simone Weil en Reflexiones sobre las causas de la libertad y la opresión social: “… poseer un poder consiste, simplemente, en poseer los medios de acción que sobrepasan la restringida fuerza de la que un individuo dispone por sí mismo. Pero la búsqueda del poder, por su esencial incapacidad de apropiarse su objeto, excluye cualquier consideración de fines, llegan en una inevitable inversión a ocupar el lugar de todos los fines. Esta inversión de la relación entre el medio y el fin es la locura fundamental que da razón de todo lo que hay de insensato y sangriento a lo largo de la historia. La historia humana es la historia de la esclavitud que hace de los hombres, tanto de los opresores como de los oprimidos, el simple juguete de los instrumentos de dominación que ellos mismos han fabricado; rebaja así a la humanidad viva a ser un objeto de materia inerte”.
Es la materia inerte en las manos y la voz de Andrés Manuel López Obrador.
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