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Gregorio Ortega Molina

*A Pemex no lo venden, lo quiebran. Las cifras son implacables, sin contar los estragos dejados por la corrupción de tirios y troyanos, de sindicalizados y empleados de confianza. Todos a una metieron la mano al cajón

La simulación es un arte en el que sobresalen los políticos por encima de los actores de renombre. El engaño resulta más fácil cuando los gobernados disfrutan al desempeñarse en su papel de víctimas.

     Con la colaboración de los líderes del STPRM los gobiernos de la Revolución, del “liberalismo social” y de la globalización, han sido fieles a su palabra, conservan la industria petrolera (al menos lo que queda de ella) como un activo del Estado, que se empequeñece al mismo ritmo que disminuye el poder de la institución presidencial. Son incapaces de comprender que al desaparecer Pemex ocurrirá lo mismo con el modelo político que determinó el destino de México desde que se pronunció la Constitución de 1917. Cuando la debacle concluya, habrá cumplido poco más de 100 años.

     A Pemex no lo venden, lo quiebran. Las cifras son implacables, sin contar los estragos dejados por la corrupción de tirios y troyanos, de sindicalizados y empleados de confianza. Todos a una metieron la mano al cajón.

     Las cifras son incontrovertibles, respaldan mi aserto: llevan a la industria petrolera que fue administrada por el Estado a la quiebra, porque durante 2017 Pemex absorbió pérdidas netas por un 74.4 por ciento mayor a las amortizadas durante 2016: ascendió de 191 mil 144 millones de pesos a 333 mil 354 millones de pesos, según reportó la Bolsa Mexicana de Valores. La nota informativa de El País resulta más alarmante, porque da la cifra en dólares: 17 mil millones, en números redondos. Ni quejarnos de la mediocridad de los administradores públicos que, con querer o sin quererlo, contribuyeron a que esta institución se la llevara el diablo.

     Pero no sólo es por la enorme cantidad en dólares perdidos, o en pesos y centavos si así lo prefieren; también deja de poseer 290 gasolineras y produce 39% menos gasolinas. Total, es la globalización, pues según nuestros preclaros, patriotas e inteligentes gestores de la Hacienda Pública, resulta más barato importar los hidrocarburos que producirlos.

     Los responsables de la administración de la riqueza petrolera nacional, explicaron que las pérdidas aumentaron debido a un incremento de 123 mil 300 millones de pesos en impuestos y derechos y, además, aumentó 19 por ciento el costo financiero, derivado principalmente de un mayor endeudamiento y la apreciación del dólar frente al peso al cierre de 2017.

     “Sin embargo, Pemex se vio parcialmente compensado por un incremento de 39 mil 300 millones de pesos en el rendimiento de instrumentos financieros derivados.

     “Pemex cerró 2017 con una producción de un millón 948 mil barriles diarios de crudo, la cifra anual más baja desde que se tienen registros, aunque la empresa del Estado justificó que la producción reportada fue superior a su meta anual de un millón 944 mil barriles diarios”.

     Pero no nos alarmemos, hay suficiente petróleo y gas en el subsuelo. Las subastas públicas continuarán, y la iniciativa privada se verá beneficiada del necesario e inaplazable consumo de hidrocarburos que se requieren para movernos y mover la economía. Producirán los obreros mexicanos mayor riqueza, pero será ajena a los intereses de la nación.

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