La Costumbre del Poder: Campeche: botox y represión

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*Criticarla cuesta el empleo a quienes osan verla de lado o decirle sus verdades; su enojo se muestra en el cierre de las fuentes de trabajo para los periodistas, en multas, posible privación de la libertad y, como Fernández Noroña, obligar a los infractores a ofrecer una disculpa pública para que se note quien está al mando. José Abud y Alito Moreno son ejemplo perfecto de lo que puede sucederte si caes de la gracia de Layda Sansores, porque ella es la única que da y quita

 

Gregorio Ortega Molina

La obsesión del ser humano -sobre todo de las mujeres- por conservar el destello de la juventud, la imagen de su propia belleza, los lleva a tomar decisiones que los enferman y deforman. El rostro de Verónica Castro, tan bonita ella, perdió todo cuando optó por el botox en los labios.

     Recurren a todos los trucos habidos y por haber. Recuerden a Alejandra Guzmán o esos jóvenes y adultos consumidores de anabólicos para simular lo que no son. Lo mismo sucede con el star system de la política, donde sufren por obtener o conservar lo que sus integrantes consideran debe ser su propia imagen, la ideal, la difundida, la del aura del poder.

     ¿Quién inculcó a Layda Sansores San Román la percepción, la necesidad de tener labios carnosos y pelo colorado? Evoquemos la imagen de Carlos Sansores Pérez, el clima de Campeche. Las exigencias del poder, los descalabros de la ruta a seguir, la urgente necesidad de siempre estar en primer lugar, a pesar de haberse tomado las decisiones equivocadas.

     La señora gobernadora tiene la pretensión humana de ser aclamada por su presencia y sabias decisiones, de que su programa de radio sea el único escuchado, y con devoción, porque su voz equivale a la del espíritu santo bíblico, y sus palabras han de beberse como procedentes del agua viva que es el Mesías, no el de Macuspana, sino del auténtico, del verdadero.

     Layda of all people -como escribió el maestro de la opinión pública- pueblo que hoy, y en Campeche, no existe, porque toda decisión, toda empresa, todo negocio, todo nexo político, todo arreglo con la federación y todo respeto al poder Ejecutivo proviene del despacho de la gobernadora, que es la dispensadora local de los bienes y servicios.

     Criticarla cuesta el empleo a quienes osan verla de lado o decirle sus verdades; su enojo se muestra en el cierre de las fuentes de trabajo para los periodistas, en multas, posible privación de la libertad y, como Fernández Noroña, obligar a los infractores a ofrecer una disculpa pública, para que se note quien está al mando.

     José Abud y Alito Moreno son ejemplo perfecto de lo que puede sucederte si caes de la gracia de Layda Sansores, porque ella es la única que da y quita.

@OrtegaGregorio

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