Patricia Retana
CIUDAD DE MÉXICO.- La Fiscalía General de Justicia de la CDMX confirmó lo que vecinos de Iztapalapa sabían desde el primer minuto: la pipa con 49 mil litros de gas LP que explotó en el Puente de la Concordia iba a exceso de velocidad. El choque contra un muro de contención fracturó el tanque en 40 centímetros, suficiente para desatar la fuga de gas y la posterior explosión que mató, hasta ahora, a 13 personas.
El dictamen preliminar abre carpetas por homicidio culposo, lesiones y daños. La empresa propietaria de la pipa compareció: tiene seguro vigente y abogados listos. ¿Y las familias? A ellas les toca llorar a sus muertos en funerales precarios, entre ofrendas improvisadas y platos de comida que jamás llegaron a servirse.
La jefa de Gobierno, Clara Brugada, se apresuró a descartar que un bache provocara la tragedia. “Vayan y vean”, dijo. Como si la explicación técnica borrara la realidad…una ciudad donde circulan pipas de 49 mil litros sin controles efectivos, donde las rutas atraviesan zonas habitadas, y donde el mantenimiento urbano brilla por su ausencia.
Este país está lleno de dictámenes fríos que reparten culpas al volante, pero nunca tocan la raíz: ¿por qué se permite que toneladas de gas crucen zonas urbanas sin rutas seguras? ¿Quién regula la velocidad, los horarios, la capacitación de los choferes, el estado mecánico de esas bombas rodantes?
El caso de La Concordia no debe cerrarse con un expediente más. Necesitamos soluciones inmediatas:
Rutas seguras y exclusivas para transporte de sustancias peligrosas, lejos de zonas habitadas.
Horarios restringidos para pipas y camiones pesados: no más tránsito en horas de mayor riesgo.
Monitoreo satelital obligatorio en unidades de alto riesgo para controlar velocidad y trayectos.
Protocolos de emergencia inmediatos, con brigadas de respuesta y hospitales listos, no horas de espera.
Sobre todo, el intento de reparación integral del daño para las víctimas por lo menos con indemnización real, apoyo psicológico, becas para hijos huérfanos, no cheques simbólicos.
La Concordia es hoy un cráter de ceniza, y un espejo de la violencia de la negligencia mata tanto como una bala. Si no se reestructura el transporte de alto riesgo en la capital, este no será el último altar de veladoras en medio de un distribuidor.
AM.MX/fm
