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Luis Alberto García / Vladivostok

* La verdadera rivalidad con EU empezó en 1957.
* Primero la perra “Laika”, después Yuri Gagarin.
* Los soviéticos también se adelantaron con el Sputnik.
* La ciudadanía estaba orgullosa de los logros del país.
* Cosas y detalles cotidianos que los extranjeros no entenderían.
* Lo peor fue el Estado totalitario creado por Iósif Stalin.

Hay dos antecedentes significativos al abordar el tema de la carrera espacial como ejemplo de las aspiraciones de grandeza nacional y de la aparición de la Unión Soviética como potencia mundial, dice David k. Willis, ex corresponsal de Christian Science Monitor en Moscú:

“Esos antecedentes se dieron, el primero en 1957, cuando fue colocada en órbita la perra ‘Laika’, y el segundo en abril de 1961, al momento en que Yuri Gagarin se convirtió en el primer hombre lanzado al espacio sideral, verdadero héroe nacional fallecido prematuramente”.

Lo mismo pasó cuando el mayor de la Fuerza Aérea, Alexéi Leónov fue el primero en entrar al espacio exterior, y Valentina Tereshkova la primera mujer cosmonauta, reconocida con la Orden de Lenin y ejemplo del género femenino en la Unión Soviética, algo nunca visto.

Willis recuerda también que los soviéticos lanzaron el primer satélite artificial, el Sputnik (“Acompañante” en español), así como la asombrosa estación espacial Mir, haciendo de la exploración espacial algo que, reitera, elevó a la categoría de potencia mundial al país de los soviets, incorporándola además a la historia universal.

“En otras palabras –dice Willis en esta parte de la entrevista-, la ciudadanía entera siempre se enorgulleció de todos y cada uno de los logros del país en esa época, a los que se sumarían otros igualmente portentosos y brillantes”.

Sobre cómo vivía la gente común y corriente en la Unión Soviética en esos años y cómo educaba a sus hijos, del tipo de vacaciones podían permitirse los soviéticos y con qué productos soñaban esos ciudadanos, responde que había cosas y detalles sobre la vida cotidiana que los extranjeros no entenderían.

Y hay hábitos soviéticos de los que los rusos modernos aún no pueden deshacerse, y respecto a qué fue lo peor de la Unión Soviética en el pasado, no duda en asegurar lo obvio: “Era un estado totalitario, y Iósif Stalin el principal símbolo del mal de aquella época. Creó el sistema de campos de trabajo en Siberia, donde millones de personas fueron encarceladas”

Precisa que Lavrenti Pávlovich Beria, la mano derecha de Stalin y uno de los personajes más siniestros del régimen soviético, adquiere grandeza sombría bajo el talento de Ilario Fiore, contemporáneo de Willis, entonces corresponsal italiano de la RAI en Moscú, quien hizo su biografía y ofrece trazos del periodo en que se movió ese personaje, encargado del terror político y de dar las órdenes para realizar las ejecuciones en la gran purga estalinista de 1937.

A la década de 1930 también pertenece Vasili Blojín, otro de los jefes de la NKVD –luego KGB, el Comité de Seguridad del Estado-, autor material de más de quince mil asesinatos de “enemigos del pueblo”, quien utilizaba guantes de piel para perpetrar con frialdad inaudita sus homicidios.

Además de crímenes al por mayor, entre 1917 y hasta 1985 –manifiestan los periodistas de las agencias RIA Novosti y Spunik, “no había libertad de expresión, la censura era casi absoluta y los mejores libros escritos por los mejores autores estaban prohibidos”.

El país estaba cerrado – los soviéticos difícilmente podían ir al extranjero-, mientras que los turistas solo podían visitarlo en grupos especialmente organizados y dirigidos a conveniencias del régimen, para que los visitantes extranjeros solamente conocieran a la Unión Soviética que las autoridades del Kremlin querían.

Cuando Stalin murió, su sucesor, Nikita Khrushchev acabó la herencia dictatorial a partir de 1956 y hubo un proceso de “desestalinización”; pero en la década de 1960 empezaron a aparecer los disidentes, entre ellos Alexander Solzhenitsin, Prtemio Nobel de Literatura, además intelectuales descontentos ante la censura, los campos de ttrabajo en Siberia y la política del Estado.

Y, lamentablemente, la mayoría de los acontecimientos trágicos -“cosas no positivas” dicen con elegancia los periodistas de ahora-, incluso las grandes catástrofes, fueron ocultadas por los medios de comunicación estatales, como ocurrió con la explosión nuclear en Chernobyl, Ucrania, en abril de 1986.

Si se pregunta qué fue lo mejor de la Unión Soviética, David K. Willis y los periodistas rusos de Global Look Press coinciden en que, en resumen, “todos eran más o menos iguales y se sentían seguros y apoyados, además de que la gente estaba orgullosa de su país”

Willis notaba que los ciudadanos tenían objetivos y esperaban un “futuro brillante”, y lo sorprendente es que mucha gente aún siente nostalgia de la Unión Soviética, de los jóvenes pioneros y de su “feliz infancia”, con buena educación y atención médica gratuita, oportunidades que ahora están en extinción.

La educación y las artes, la literatura y las ciencias en la Unión Soviética estaban entre las mejores del mundo, y por eso el país produjo tantos científicos, grandes creadores y bailarines, extraordinarios escritores y dramaturgos, Premios Nobel y candidatos a éste, como el gran Borís Pasternak, autor de “Doctor Zhivago”, llevada al cine por David Lean.

Además de los grandes libros, la Unión Soviética dio a luz algunas fantásticas películas como “El acorazado Potemkin” de Sergei Eisenstein, “La dama del perrito” de Anton Chéjov, o “Napoleón” de Sergei Bondarchuk, que los rusos todavía ven y adoran.

También tenemos un grandioso legado arquitectónico soviético del constructivismo en Moscú, Ekaterimburgo y del zarismo en San Petersburgo –antes Petrogrado y Leningrado- y en casi toda la nación ex soviética, magníficos escenarios que hay por todas partes.

Los artistas soviéticos crearon la vanguardia y las autoridades se dieron cuenta de que este nuevo arte podía servir a las ideas de la Revolución y del nuevo Estado, y fue por eso que el país consiguió que Alexander Rodchenko, Kazimir Malevich y Alexander Deineka fuesen artistas de gran talento, creadores de la imagen y el lado visual de las Repúblicas Soviéticas.

A la fecha, esos artistas son conocidos en el mundo entero y sus obras se venden por millones de dólares en las subastas internacionales de arte en Londres, París y Nueva York; pero el régimen los usaron para hacer funcionar la propaganda soviética

“Ésta –explica el colega de Sputnik- se convirtió en la única forma de arte posible y las autoridades hicieron que todos los artistas sirvieran a la ideología del Estadode tan suerte que, para mostrar los logros de la economía y la cultura, los jefes de la nomenklatura crearon el icónico parque VDNJ en Moscú, símbolo de la era septuagenaria soviética.

Utilizaron el arte de vanguardia y el realismo socialista en la pintura, así como la producción de cientos de carteles de propaganda sobre el fuerte e invencible Ejército Rojo, la gloria de la exploración espacial, así como carteles sobre la igualdad de las mujeres, no sin cierta calidad, que hoy son de colección.

¿Y el derrumbe y extinción de la Unión Soviética? Esta es una de las últimas preguntas, respondida así por un periodista de RIA Novosti: “Para entender por qué todo acabó, hay que leer sobre la economía planificada de la Unión Soviética, cómo funcionó y por qué fracasó, y sin duda esa es la principal razón del colapso que concluyó en diciembre de 1991”.

“Además -refiere años después David K. Willis-, había tensiones étnicas ocultas, añadiéndose finalmente las reformas de Mijaíl Gorbachov que sellaron el destino de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas”.

Los colegas remiten a la vástisima y detallada bibliografía y hemerografía sobre las razones principales del fin del antiguo régimen, y la última pregunta sería, ¿cómo fue posible sobrevivir en él?

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