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Sergio Gómez Montero*

Qué trampa les ha jugado la vida

a éstos mil veces sorprendidos por la aurora?

Qué secretos arpegios habrá de pulsar ahora

V. Meneses; “Poemas del desamor”

El país pasa hoy por una de las etapas más difíciles de su historia contemporánea. No porque él así lo haya querido, sino por las amenazas que sin ninguna razón de ser nos ha lanzado Donald Trump en su calidad de presidente del país vecino, como si él tuviera capacidad legal como para amenazarnos tal y como hoy lo hace. ¿Por qué permitir que eso suceda y por qué atender solícitamente a lo que hoy se nos está exigiendo, sin existir ningún sustento legal para que ello se concrete? ¿Somos acaso nosotros los culpables de que básicamente población centroamericana busque llegar a tierras estadounidenses para ofrecer allí su fuerza de trabajo? ¿Somos acaso nosotros los culpables de que esa población, la de Estados Unidos, sea la mayor consumidora de narcóticos de todo tipo y la posesionaria de todo tipo de armamento, el que puede comerciar a su libre antojo?

Esa es, pues, nuestra tragedia: ser los vecinos de un país cuyos vicios son mayúsculos y cuyo gobierno, hoy, no tiene límites a la hora de amenazar la paz mundial, y ése es nuestro mayor problema: ¿cómo hacerle frente a esa realidad que nos atosiga y amenaza y a la cual, dada su agresividad, no le podemos hacer frente? Si en el siglo XIX fue posible enfrentar nuestro ejército al de Estados Unidos, ya, a principios del XX, en Veracruz (para castigarnos por la incursión de Villa en Columbus), nos dimos cuenta que ya no le podíamos hacer frente para contrarrestar sus arteros embates armados y, luego de hacerle frente con todo, se consideró conveniente tocar retirada para salvaguardar a las tropas y poder concentrarlas en la guerra civil que entonces aún estaba viva en el país. Desde entonces, no pudimos más hacerle frente con las armas a un enemigo tan poderoso, y de allí que desde entonces también hemos tenido que negociar con ellos pacíficamente nuestras diferencias, luego de haber sido aliados forzados en la segunda guerra mundial y en la guerra de Corea. La presión de Estados Unidos sobre nosotros desde entonces no ha cesado. Aliados forzados, ello le ha permitido a los gobiernos vecinos ser nuestra espada de Damocles que nos resta libertad para actuar como nosotros lo consideremos más conveniente en lo que se refiere a nuestro desarrollo industrial, comercial y social, por el puro y simple hecho de ser vanguardia en América Latina.

Si ésa es la historia relativamente reciente de nuestros dos países, esa historia definitivamente se ha complicado los tiempos recientes con la crisis migratoria actual, en la cual nuestro país juega el papel nuclear de una amplia zona no sólo latinoamericana sino mundial. Dada la vecindad que él tiene con Estados Unidos. Esa singular situación no es ya bilateral como lo fue durante muchos años. Hoy, esa crisis se resuelve a nivel multilateral o no se resuelve aquí y en todo el mundo (por ejemplo, hoy incluidos China y Hong Kong). ¿Qué mundo nos va a tocar vivir después de las crisis migratorias, es sin duda algo que no se resolverá en el corto plazo por más que las amenazas trumpianas se incrementen? Apostarle al futuro es algo que no podemos hacer porque corremos el peligro, seguro, de perder… todos. Si queremos que eso pase, ¿quién le quiere entrar al futuro de la migración?

*Profesor jubilado de la UPN

gomeboka@yahoo.com.mx

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