fbpx ISEGORÍA: ¿Para qué cambiar, si todo va a cambiar? | Almomento | Noticias, información nacional e internacional

Sergio Gómez Montero

Ahora sufro lo pobre, lo mezquino, lo triste,
lo desgraciado y muerto que tiene una garganta
(…) Siento esta noche heridas de muerte las palabras

R. Alberti: “Nocturno”

 

Mis condolencias para el maestro David Rodríguez

 

Uno de los primeros problemas para dar origen a una nueva organización social del país, es contar con un nuevo régimen de partidos políticos, no sólo por voluntad de ellos (como llega a suceder cuando un régimen político es generado por una revolución), sino cuando se genera un nuevo régimen político por vía electoral. ¿Qué va a pasar por ejemplo con los partidos políticos del país después de los resultados electorales del pasado primero de julio? ¿Será por voluntad de ellos que van a cambiar o será por ley que tendrán que hacerlo? ¿O por las dos vías?

Como sea (por ley o voluntad propia), el régimen de partidos políticos en México va a cambiar pronto y allí, por ejemplo, recobrará su actualidad, entre otros, un politólogo particularmente destacado al que vale la pena volver a estudiar (Louis Althusser) para ver por esa vía qué es lo que más conviene en términos de futuro próximo inmediato para el país. Quizá seguir navegando con el viejo régimen político heredado de la revolución o comenzar, desde ahora, con la llamada cuarta transformación del país. Si la primera fuera la opción, realmente no serían muchos los cambios previsibles: los partidos cambiarían de nombre y se ajustarían algunas de sus estructuras e integrantes. Si fuera la segunda, pudiera ser que los cambios serían más profundos hasta modificarse a profundidad las formas de actuar de los partidos, dado que así lo requeriría el nuevo régimen político que se generaría. Allí, por ejemplo, tanto Gorz como Rossanda son muy claros al vincular partido y organización y al decir que el primero de nada sirve si no es la base de la segunda y si la segunda no sirve para acelerar la consolidación revolucionaria de la organización social.

Pero, para antes, en dónde estamos parados ahora realmente en México en términos de organización social, si ni siquiera, en términos institucionales se puede decir que se halla consolidado ningún cambio político todavía y que, por lo tanto, no es tempo aún de acelerar las propuestas de modificación del régimen político y cambios partidarios hasta en tanto no se haya estabilizado el nuevo clima social que permita proponer hacia dónde va a caminar el nuevo régimen político en el cual van a actuar los partidos que le van a dar vida a las ideologías que van a sostener los nuevos actores sociales que sostendrán las contiendas políticas por venir. ¿Serán las viejas organizaciones de antes o irán surgir nuevas organizaciones encargadas de concretar la cuarta transformación política del país? ¿Será ya tiempo de plantearse esas interrogantes? ¿O será mejor darle tiempo al tiempo?

A veces el apresuramiento no es buen consejero, ni mucho menos en un momento en que se disputan los nombramientos y los puestos. Eso no es lo importante cuando las estructuras trascendentes están en juego. Pensarlo es bueno para comenzar a vislumbrar las tareas por venir.

*Profesor jubilado

gomeboka@yahoo.com.mx

 

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