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Sergio Gómez Montero*
Al rencor del ciego que cruza la calle y a su falso testimonio;
al aturdimiento del monarca en su reino de ciegos; a la
soberbia
F. P. Urondo: “No tengo lágrimas”

Sí, sin duda, el título de este artículo se lo he pedido prestado a Bob Dylan, premio Nobel de Literatura, título que él le dio a una de sus mejores y más famosas rolas, y que hoy me sirve a mí para referirme a lo que hoy está sucediendo entre nosotros: para bien y a veces sólo para medias los tiempos están cambiando y muchos de nosotros no terminamos de aceptarlo, porque no entendemos el sentido del cambio, y creo que esto sucede hoy con los cambios que se están registrando en el terreno de la comunicación en donde hasta hace dos años todo era comercio, oportunismo y corrupción, y hoy trata de tornarse un ejercicio de toma y daca en igualdad de condiciones y sin prebendas de ninguna naturaleza de por medio.

Es decir, hasta hace dos años la comunicación gubernamental era uno de los negocios más sucios y onerosos de la administración pública; por allí se filtraban miles de millones de pesos –en lo individual y en lo empresarial– a lo cual todos trataban de hincarle diente. Desde luego, eso manchaba desde su raíz a tal comunicación y la distorsionaba de una manera sensible, ya que si bien la existencia de cosas y hechos era tal, sólo si aparecía en los medios (impresos, televisivos o radiofónicos, primero, y luego a ello se añadió el ciberespacio), y más aún si se generaba en el terreno del poder, es decir en el terreno del Estado. Rota hoy esa realidad, el sostenimiento de los medios (incluyendo los del Estado, que injustamente han sido sometidos a una austeridad absurda, que lastima burdamente a sus trabajadores –léase la carta del Sindicato de Trabajadores de Radio Educación) virtualmente ha quedado en el aire en virtud de que su sostenimiento, que en buena medida correspondía al gobierno, de hecho se ha terminado, dejándolos en el aire y sin poder seguir siendo los negocios que antes eran y sin poder así responder a las obligaciones laborales que por ley deben de cumplir, y de allí que, muchos de esos trabajadores –corrompidos por la forma de accionar de esos medios– hoy no dudan en atacar abiertamente al régimen de la 4T y en particular a AMLO (y de paso a algunos de sus seguidores) por haber impulsado los cambios que para bien de la comunicación en el país están llevando a cabo para que dicha comunicación se dé de manera más justa y honesta. Incluyendo, desde luego, las relaciones gobierno-empresas de comunicación.

Si en el terreno antes mencionado se están dando cambios sensibles, en otros varios (energía, seguridad, economía, relaciones laborales, sindicatos) también los cambios se registran y esa nueva forma de hacer las cosas, desde luego que no a todos gusta ni satisface. Es natural, y por eso no sólo en el terreno de la comunicación hay voces de descontento que claman por el regreso de los viejos tiempos, porque, por costumbre, la mal vivencia, el mal quehacer, la flojera o la corrupción predominaban, sin darse uno cuenta del tremendo daño que eso causaba al país.

¿Cuánto tiempo va a pasar para que eso termine? Una buena pregunta, que, creo, en los Manuscritos de Marx tiene respuesta a fondo.

Sí, sin duda, no me quejo de la reclusión a la que el Covid-19 me tiene sometido. Hoy tengo mucho tiempo para leer.
*Profesor jubilado de la UPN/Ensenada
gomeboka@yahoo.com.mx

 

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