ISEGORIA: Los bueyes con los que hay que arar

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Sergio Gómez Montero*
Gobernar un país quiere decir, debe considerarse, dominar las corrientes, internas y externas, que confluyen sobre él y que, ambas, en la etapa contemporánea se vuelven virtualmente indomeñables si se quiere que el país avance dándole prioridad a los intereses de los más desprotegidos de la sociedad. Ni las corrientes internas ni las externas perdonan a la hora de cobrar los intereses que conlleva el invertir su capital; ni unas ni otras perdonan ni ceden nada al respecto.
Ese es hoy el momento en el cual se encuentra el país: desde fuera y desde dentro todos los capitales quieren cobrar intereses abusivos, aprovechando el contexto del cambio de gobierno. Así, aquí se mencionó ya la manera brutal en que se dio la acumulación de capital durante los seis años de gobierno de AMLO y hoy, conjuntamente, Trump y Musk dejan sentir ambos su presión sobre la economía del país para obtener beneficios anticipados desde ahora. Uno y otro quieren, de antemano, obtener beneficios para sus capitales a toda costa y por esa razón sus bravatas nocivas amenazando intervención (al margen de que los conservadores del país estarían felices con ello). ¿Por qué esas amenazas?
Poco, muy poco los gobiernos de la 4T han incidido en el cambio profundo de las relaciones sociales en el país. Sí, en efecto, el neoliberalismo, en lo político, fue virtualmente frenado y marginado de la marquesina del poder en la Nación; él dejó de aparecer y de operar al menos en lo político. En lo económico, las cifras no convencen del todo, pues las ganancias del capital siguen siendo estratosféricas con todo y que la 4T ha impulsado algunos beneficios para los sectores más depauperados de la población.
¿Qué se puede hacer frente a ello?
El dilema no es sencillo. Sólo economías sólidamente consolidadas como la rusa y la china pueden contrarrestar las presiones capitalistas que se dan de manera eventual sobre países como el nuestro. Tratar de hacerle frente a esas presiones implica someterse a las eventualidades por las que atraviesan países como Cuba y Venezuela, necios en defender su socialismo ante las agresiones en particular de Estados Unidos. Es cierto, las transiciones sedosas, en la medida que respetan el consumo y por esa vía la acumulación de capital transitan, aparentemente sin conflicto, las duras etapas de pobreza persistente, aunque con sectores muy amplios de la población que no se sienten satisfechos con las situaciones por las cuales atraviesan. Gobernar allí se convierte en una tarea llena de dificultades y que, a quienes menos deja satisfechos, es precisamente a los gobernantes, por más porras que se echen ellos mismos. Como sea, pues, gobernar así es una tarea de muy largo plazo, ya que se debe lidiar lo mismo con las presiones del capital tanto desde dentro como desde fuera del territorio nacional. También, a su vez, gobernar implica hacerle frente a las presiones que surgen desde dentro del país (Ayotzinapa, inflación, deuda pública, la violencia contra los pueblos originarios en Ostula, Lázaro Cárdenas, Chiapas).
El panorama, se dice una vez más, no pinta nada sencillo los meses por venir. El factor Trump y el actuar del capitalismo interno son los bueyes con los que hay que arar.
*Profesor jubilado de la UPN/Ensenada

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